martes, mayo 24, 2011

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Piden en Catar apoyar diálogo y cooperación entre Occidente y países árabes


Personalidades europeas y estadounidenses llamaron hoy aquí a apoyar los procesos de democratización resultantes de las revueltas populares en países árabes, pero pidieron hacerlo mediante la cooperación y el diálogo, y no a partir de dictados.
En un panel sobre las transformaciones en Medio Oriente, en el XI Foro de Doha abierto este lunes, el reverendo estadounidense Jesse Jackson abogó por acompañar de forma "inclusiva y transparente" a los movimientos a favor de
libertades en naciones como Egipto y Túnez.

Aunque recordó que los pueblos de Haití, Darfur, Palestina y Libia también merecen respaldo, "porque tienen los mismos derechos", el destacado luchador por los derechos civiles encomió la trascendencia de las revueltas revolucionarias en Egipto por su desenlace pacífico.
Subrayó que "siempre que hay revoluciones hay contrarrevoluciones", dijo el fundador de la agrupación Rainbow, y exhortó a distinguir sin mencionar casos específicos de manifestaciones en el mundo árabe.

A una pregunta de Prensa Latina, destacó que la libertad es el "elemento más importante" que se reivindicó, y llamó a garantizar el sostén y el trabajo digno para cada uno, pues señaló que uno de los detonantes de la convulsión en Túnez y Egipto fue el alto desempleo.

Si bien consideró que Estados Unidos y el resto de las potencias occidentales pueden aportar cosas valiosas a las transformaciones sociales y políticas en esta región, Jackson indicó que "un cambio más profundo necesita tiempo y un programa" propio.

"Los egipcios son luchadores, pero quien se entusiasma para el desarrollo debe tener un programa", acotó para comentar también sobre el peligro de que en Siria y Libia ganen terreno las fuerzas favorables a una división de esos países a partir de las protestas opositoras.

Por su lado, el ministro portugués de Relaciones Exteriores, Luís Amado, llamó a fortalecer las relaciones entre Europa y los Estados árabes para abordar juntos asuntos como desempleo, corrupción, conflicto palestino-israelí o el islamismo radical.

"Europa no puede imponer nada a los países árabes, podemos trabajar juntos y colaborar por la estabilidad de Medio Oriente", añadió Amado al subrayar que hoy el "gran desafío" para el Viejo Continente es mayor que el trazado para lograr la paz entre Europa del Este y del Oeste.

Hay que luchar contra el estancamiento y por más diálogo entre europeos, y entre Europa y el mundo árabe, prosiguió al admitir que "sin reforma social tamnpoco habrá estabilidad y cooperación".

"No podemos seguir sin una agenda común, si tenemos objetivos estratégicos, hay que tener también visión estratégica de futuro", puntualizó al mencionar el primer diálogo Unión Europea-Liga Árabe a raíz de la crisis libia, algo imposible hace dos años, aseguró.

lunes, mayo 16, 2011

Canciller de Egipto se convierte en nuevo jefe de Liga Arabe

El ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Nabil el-Arabi, fue aprobado el día 15 de manera unánime como el nuevo secretario general de la Liga Arabe, en sustitución de Amr Moussa.

En una sesión abierta para todos los países de la Liga Arabe, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Yussef bin Alawi, quien copresidió la sesión, presentó a el-Arabi como el nuevo secretario general.

Egipto retiró de manera repentina a Moustafa el-Fikki, también ex diplomático, en el último minuto y nominó a el-Arabi para el puesto con el fin de obtener un mayor consenso árabe, dijeron a Xinhua fuentes en la sede de la Liga Arabe.

En tanto, el candidato qatarí Abdulrahman Al-Attiyah, secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, se retiró de la competencia.

El-Arabi saludó a todos los delegados y pronunció un discurso no preparado: "Es un placer haber ganado esta gran confianza de todos los países árabes como jefe del organismo panárabe".

El-Arabi agradeció particularmente a Qatar y prometió emprender todas las medidas necesarias para mejorar las agendas comunes árabes. "Asumo este puesto en momentos difíciles. El trabajo árabe mutuo está atravesando por una crisis. Todos debemos permanecer unidos para resolver los problemas del mundo árabe", agregó

El-Arabi habló sobre su apreciación inicial para el nuevo puesto y resaltó que "mi deber es sugerir y recomendar, pero la decisión final será tomada por las cumbres árabes".

El ex jefe de la agrupación Moussa felicitó a el-Arabi y dijo: "Decidí dejar (el cargo) y me siento muy feliz de que mi sucesor sea capaz de encabezar el barco árabe".

Moussa agregó que "hubo una transferencia cualitativa en la estructura de la Liga Arabe; bastantes instituciones se añadieron mientras que otras fueron eliminadas".

"El consejo social y económico de la Liga Arabe es un consejo soberano que encabezará a la sociedad árabe al éxito en muchas áreas", agregó Moussa, quien insistió en que los asuntos económicos, sociales y culturales son la prioridad en las agendas de la Liga Arabe.

Los delegados en la reunión elogiaron los esfuerzos del jefe anterior. "Moussa fue un diplomático exitoso y su partida es una pérdida para el trabajo común árabe", dijo un delegado sirio

jueves, mayo 05, 2011

El latido de las revoluciones árabes

La primera cuestión importante que nos plantean es, precisamente, el retorno de la idea de revolución. “Siempre anacrónica, inactual, intempestiva, la revolución llega entre el ‘ya no’ y el ‘todavía no’, nunca a punto, nunca a tiempo. La puntualidad no es su fuerte. Le gusta la improvisación y las sorpresas. Sólo puede llegar, y ésta no es su paradoja menor, si (ya) no se la espera “, afirmaba Daniel Bensaïd. Dicho y hecho, los imprevistos acontecimientos en Túnez y Egipto resitúan en el imaginario colectivo la idea de que la acción colectiva es útil, que se pueden conseguir cosas con la movilización social y amplía el horizonte de lo posible. Su impacto en las conciencias de los trabajadores europeos es limitado, está claro, por la distancia cultural y política. Pero, aún así, son un contra-ejemplo a la experiencia cotidiana de las luchas sociales en nuestro país. Un mensaje de esperanza ante la resignación y el desánimo tras décadas de retrocesos y derrotas.
Los acontecimientos en el Magreb y el mundo árabe nos deben servir, también, para combatir la xenofobia en ascenso, la asociación interesada entre inmigración de origen musulmán e integrismo religioso. Las protestas y las revoluciones en marcha a favor de la democracia, la justicia social, la mejora de la situación de la mujer… ayudan a contribuir a desmontar la falacia del “choque de civilizaciones” y los perjuicios culturales.
La efervescencia política en la región provoca también una creciente politización de la población inmigrante, creando un mejor escenario para la confluencia entre ésta y la izquierda “autóctona”. Una tarea estratégica para hacer frente al neoliberalismo y a los intentos de que la crisis la paguemos todos y todas.
Reforzar la solidaridad internacional con los procesos en curso debe ser una prioridad para los movimientos sociales de aquí. Para ello hay, pero, que orientarse bien sobre lo que está pasando. Primero, debemos tomar distancia de las tesis conspirativas que ven la mano de la CIA detrás de las revueltas. Sin duda las conspiraciones existen, pero no podemos interpretar la historia en clave conspirativa. Parece que para algunos la propia noción de revolución se había debilitado tanto que no se lo acaban de creer y tienen que ver montajes inexistentes donde sólo hay explosión de ira y rabia ante la injusticia!
Segundo, no hay que confundirse de bando en el caso libio. La defensa de Gadafi en nombre del anti-imperialismo que están haciendo algunos sectores de la izquierda, en particular bajo el impulso de Hugo Chávez, es un grave error que sólo sirve para despistar al movimiento de solidaridad internacional. En Libia, sin embargo, se plantea otro (complejo) dilema donde la izquierda europea no debe fallar: la necesidad de oponerse a la intervención militar de la OTAN que, lejos de defender los anhelos democráticos del pueblo libio, pretende controlar el escenario post-Gadafi y la explotación del petróleo. El aislamiento político y económico internacional del régimen, y el suministro incondicional de armas a los rebeldes son alternativas internacionalistas y solidarias a la intervención militar.
A pesar de todas las dificultades, el ascenso de protestas en países como Siria muestra que la dinámica iniciada en Túnez no se ha desvanecido. No debemos embellecer románticamente los procesos en marcha ni obviar sus carencias, ni tampoco desautorizarlas porque no son todavía “verdaderas revoluciones” que han conseguido dar la vuelta al orden económico y social. La gran debilidad política, organizativa y cultural de la izquierda en la región es uno de sus talones de Aquiles. Estas primeras “revoluciones del siglo XXI” son contradictorias y con límites, no siguen un modelo preestablecido y su resultado es abierto e incierto. El reto es precisamente conseguir que vayan hasta el final con todas sus consecuencias, evitando así que las esperanzas de cambio queden frustradas y, finalmente, “todo cambie para que no cambie nada”.
La fuerza de los inesperados vientos que soplan en el Magreb y el mundo árabe desde hace meses no sólo electrizan la región sino que dan nuevas esperanzas a los movimientos sociales de aquí sobrados de derrotas y desengaños y faltados de victorias.