jueves, marzo 31, 2011

La crisis en el mundo árabe y la hipocresía de Occidente

Como si faltara poco para complicar el ya difícil panorama de la realidad árabe, los movimientos de protesta se expanden a gran velocidad y turbulentamente. Iniciados mediáticamente en Túnez por un tal Mohammed Bouazizi, vendedor callejero que se inmoló frente a la tiranía, las protestas ya se llevaron por delante al tunecino Zine Ben Alí y al egipcio Hosni Mubarak. Hoy,  una guerra civil sacude la Libia de Muammar Kadafi y tiene en ascuas al régimen de Bahrein, al de Siria y a Yemen.

Años de una real política diplomática creada para preservar la estabilidad de la región y cuidar los recursos energéticos, sin importar la calidad moral de los regímenes mientras preservaran el petróleo, están hoy en proceso de dudas y críticas, que muestra, además,
las carencias de las potencias mundiales para controlar la situación. Europa no tiene los recursos económicos y militares para impedir que fulanos como el líder libio capturen a ciudadanos occidentales, cierren los grifos de los oleoductos o instiguen a un aluvión inmigratorio que ponga en jaque al viejo continente.
De la misma forma que Marruecos es importante para Madrid, lo es Argelia para París, Libia para Roma, Omán para Londres y Jordania para Tel Aviv o Berlín,  y sobre todos ellos sobrevuelan los intereses de Washington. La adopción de una política de sanciones –que incluyen embargos de armas y depósitos bancarios- de manera común a todo aquel régimen que vulnere los derechos humanos fue propiciada por Nicolás Sarkozy, que tomando posiciones para los próximos comicios, adoptó una postura especialmente firme con el líder de Trípoli, aunque no así con otros regímenes déspotas pero más cercanos a los intereses galos.

Su par británico, David Cameron, está intentando distanciarse de la política de Tony Blair y sus pactos con tiranos, no solamente para hacer negocios, sino para buscar apoyos en la “guerra contra el terror”, entre esos mismos déspotas que también  temen a los radicales extremistas. El jefe conservador realizó una visita a Omán, Qatar, Kuwait y Egipto para explicar la política del gobierno inglés y propició cierta disculpa por el modo que tiene su país de considerar a los pueblos árabes como poco aptos para mantener un régimen democrático, como si fuera fácil hacerlo para gentes que nunca conocieron los modos habituales en Occidente. Fue el primer político europeo que visitó la plaza Tahrir en El Cairo, que fue el centro de los tumultos que condujeron la salida de Mubarak.
Más allá de las disculpas y buenas palabras, Cameron estaba acompañando en gira por muchos representantes de fábricas de armamento (Inglaterra vende armamentos por 25.000 millones de dólares anuales), lo que provocó el sarcasmo del periodismo londinense, conocedor  de que varias de las más fastuosas mansiones y castillos en suelo británico son propiedad de jerarcas árabes, como la familia real de Bahrein, de Arabia Saudita y del mismo Kadafi.

La Casa Blanca y las alfombras mágicas
Mientras observa con preocupación la andanada de rebeliones en el Oriente Medio, Washington enfrenta una situación seria: que los presidentes árabes sean derrocados y los jeques de las monarquías sigan en pie. En el mapa de operaciones del hoy que se extiende desde Irán hasta Marruecos, dos presidentes son historia: Hosni Mubarak en la tierra de las Pirámides y Zine El Abidine Ben Alí en Túnez, otro que está en la cuerda floja es el presidente de Yemen, Alí Abdullah Saleh, un pícaro autoritario que manipuló eficazmente a las facciones de su país durante varias décadas para perpetuarse.
Además la situación crea un problema mayor para los Estados Unidos, que recibió el apoyo del gobierno en las operaciones terroristas y que ahora anuncia elecciones a las cuales no se prestará. Por el momento, en Bahrein, el rey Hamad Ben Isa al-Khalifa logra sobrellevar la crisis aunque con una brutal represión, pero sigue teniendo el apoyo de los estadounidenses, cuyo gigantesco asentamiento militar podría correr riesgos si cayera el rey.
La Casa Blanca cree que el rey Abdullah de Arabia Saudita conservará su trono, al igual que los emires del Golfo Pérsico, que todavía no tuvieron insurrecciones populares o castrenses. Abdullah II, de Jordania está moviéndose con gran pericia para conservar el poder, aunque está alerta ante una población palestina que puede traerle problemas.
Obama hizo llegar claramente sus mensajes diplomáticos a los monarcas y casa reales, aún a los que encabezan las administraciones más represivas: a la realeza árabe EEUU ofrece respaldo y seguridad, pero conserva un distanciamiento con los presidentes autocráticos que luchan por la sobrevivencia. Algunos de los jeques árabes han ejercido el poder tan duramente como los presidentes, pero pueden mantenerse por encima de la turba y del gobierno. Ya sabemos que los presidentes árabes creen que fueron elegidos democráticamente, aunque casi todos los procesos eleccionarios han sido fraudulentos, la pantalla de legitimidad desaparece cuando las sociedades estallan por el descontento.
Consideremos que estos presidentes gobiernan naciones muy pobladas, que no tienen las riquezas petrolíferas de los reyes del Golfo, lo que permitiría calmar a la población con mejoras salariales y reducciones en los impuestos, no olvidemos que en los últimos tiempos los terribles aumentos en los cereales, en especial el trigo, elemento esencial en la alimentación del pueblo árabe, daña la economía y los bolsillos.
Astutamente, los reyes de Jordania y de Arabia tomaron medidas que favorecen a la población y con ello controlan la situación. Un caso paradigmático es Libia, en donde encontramos al coronel Muammar Kadafi, que no es presidente ni es rey y que llegó a la catástrofe con una celeridad sorprendente.  Mientras que en Egipto el mismo Obama habló con Mubarak, ningún funcionario de la Casa Blanca se comunicó con el líder libio.

miércoles, marzo 30, 2011

Khaled Saïd: El egipcio que desató la actual crisis en los países árabes

El nombre de Khaled Saïd lo conocen en todo el norte de África. En Egipto, Túnez, Marruecos, Argelia, Yemen, Bahréin, Siria, Libia y muchos otros países que hoy se levantan contra los regímenes que llevan años en el poder, Saïd ha sido el detonante de las revueltas. Este joven de 28 años, que usaba internet como su arma de denuncia contra los excesos de la corrupción en Egipto, se convirtió en un héroe cuando cayó el gobierno de Hosni Mubarak, el 14 de febrero.
No militaba e ningún partido, sólo buscaba indicios, huellas y hechos de los excesos del gobierno egipcio y los difundía en la red. Saïd sabía muy bien el costo que esa suerte de insurrección virtual podía tener en Egipto y lo predijo en las canciones de rap que compuso “Moriré como mártir. No temas, mamá, porque no soy el único”, cantó días antes de su muerte.
Junio 6 de 2010, calle Midhat Seif El Yazal Khalifa, barrio Cleopatra de Alejandría. “Tenemos orden de matarlo”, le dijeron los dos policías mientras estrellaban su mandíbula contra las escaleras de mármol a la entrada del edificio. Lo habían mandado llamar minutos antes desde un cibercafé, a pocos metros de su casa, con el pretexto de que necesitaban ayuda de Khaled, un “genio de la informática”. Dos oficiales destrozaron su cabeza a punta de golpes y lanzaron su cuerpo a la mitad de la calle, completamente desfigurado. Nadie se atrevió a levantar a Khaled, que en árabe quiere decir “eterno”. Dos semanas antes, el joven había publicado en Youtube un video de unos policías repartiéndose la droga incautada a unos traficantes.
“Todos somos Khaled Saïd”, fue la respuesta de una página creada en Facebook con una información extensa e imágenes sobre la muerte del joven alejandrino y que, en muy pocos días, llegó a aglutinar cerca de 500.000 miembros, es decir, el 10% de usuarios de esta red social en Egipto. “Muchos se identificaron con Khaled”, explica Aida Seif el-Dawla, psiquiatra y abogada del Centro Nadeem para la rehabilitación de víctimas de la violencia y la tortura en El Cairo. Con el tiempo, la página de apoyo a Khaled se convirtió en el cerebro virtual, no sólo de la llamada revolución democrática egipcia, sino de las revueltas en Oriente Medio.
El creador de la página fue Wael Ghoneim, responsable de marketing de Google para Oriente Medio y África del Norte, quien confesó su autoría. Miles de internautas encontraron en la campaña “Todos somos Khaled” el medio para la protesta, que pronto pasó de las pantallas de los computadores a la calle. A través de Facebook se invitaba a desfiles silenciosos. Vestidas de negro, de espaldas al mundo y de cara al Nilo, cientos y luego miles de personas expresaron en silencio su dolor y su rabia por el asesinato de Khaled Saïd.
Marzo 2011. Calle Khaled Saïd, en el barrio Cleopatra de Alejandría. Tres semanas después de la caída de Hosni Mubarak y de un incremento en el malestar en Siria, Bahréin y Libia, el café internet en donde lo mataron todavía está allí, su familia sigue viviendo en la misma casa y tal vez algunos de las personas que están sentadas en las terrazas fueron testigos de su muerte.
— Khaled no fue el primero. Antes y después de él la policía ha matado a otros. Pero él se convirtió en un caso emblemático porque nosotros no echamos marcha atrás, ni nos hemos dejado intimidar, dice su hermano Ahmed.
— ¿Qué esperan ahora?
— Los dos policías que cometieron el crimen están siendo juzgados, pero nosotros queremos que se lleve ante los tribunales y se castigue a quienes dieron la orden de matar a Khaled Saïd. Queremos que se haga justicia —insiste Ahmed.
Zahra, la hermana mayor de Khaled, me mira y dice: “¿Sabe una cosa? La revolución de la Plaza Tahrir comenzó aquí en esta calle, al día siguiente de la muerte de Khaled. Y hoy ese triunfo nos pertenece a todos los egipcios. Los jóvenes que la hicieron deben ser los hombres que nos gobiernen en el futuro”.
Después de 18 días de levantamiento popular, cerca de 20 millones de egipcios lograron derrocar a un presidente que se había perpetuado en el poder por tres décadas. El día en que cayó Mubarak, Lila, la madre de Khaled, se despojó de su traje negro de luto que no abandona desde que mataron a su hijo y se vistió de blanco. “Si tengo algo que decirle a Khaled, a mi niño, es: ‘Ahora puedes dormir tranquilo y tener paz porque los jóvenes egipcios ya no tienen más miedo y el futuro de nuestro país va a ser mejor que el tiempo que te tocó vivir’ ”.
Con su muerte, Khaled Saïd inspiró a Mohammed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló desatando la Revolución de los Jazmines y que derivó en la caída del régimen de 20 años del presidente Ben Alí. También sembró una serie de revueltas populares, principalmente juveniles, que se repiten desde diciembre en distintos países árabes. Es de él de quien se habla primero cada vez que se inicia una nueva manifestación. En Marruecos, Siria, Libia, Yemen, Jordania y Baréin han surgido movimientos juveniles que amenazan con quedarse hasta que el cambio llegue. Como hizo Khaled.

martes, marzo 29, 2011

El factor generador de la crisis en el mundo árabe-islámico

El colapso financiero internacional que se produjo en 2009, tuvo un impacto inicial relativo en algunos países árabes dependiendo de su grado de apertura y participación en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, operó como disparador de la catarata de tumultos y demandas que hoy se observan. La caída de la demanda global que se ha ido consolidando a lo largo del año 2010 tuvo importantes repercusiones en algunos países. Esta desaceleración, transmitió por un lado el colapso de las finanzas internacionales con las restricciones que ello provoco en las inversiones y el crédito, pero también produjo la caída de precios en los hidrocarburos y la reducción de negocios a nivel global, en particular en lo que concierne a exportaciones y turismo. En este sentido, el FMI, en su último informe de octubre de 2009 señalaba que “el principal mecanismo de transmisión” de la crisis a la región se centraría en “la reducción de las remesas de inmigrados, la inversión extranjera y las exportaciones. Así, los países árabes islámicos se vieron afectados no por una, sino por varias crisis que desde distintos frentes y con distintas formas han puesto en evidencia problemas estructurales y de desarrollo que desbordaron a las autocracias y los dictadores instalados por mas de 30 o 40 años en el poder. El principal de estos problemas ha sido la extrema pobreza, la carencia de futuro y la falta de perspectiva de aquellos pueblos.

Las posiciones de partida de los países árabes son muy diversas. Mientras que para unos la caída de los precios de hidrocarburos y de alimentos ha supuesto cierto respiro, moderando en cierta manera la llamada “Crisis de las tres efes”, crisis del petróleo, las finanzas y los alimentos , cuyos momentos más críticos se vivieron a mediados de 2008; para otros significo un recorte drástico en las previsiones de ingresos. Más aún, la desaceleración económica global sorprende a estos últimos en medio de la puesta en marcha de ambiciosos planes de inversión y diversificación económica diseñados durante el periodo de bonanza de los años 70 y 80. Otros países en cambio, han afrontado la crisis tras un prolongado periodo donde las reformas y los ajustes estructurales de liberalización política, económica y comercial jamás se cumplieron, aunque sus gobernantes efectuaran esas promesas a sus pueblos por varios años. Por tanto, el impacto y las consecuencias de la crisis actual en cada uno de estos países dependerán tanto de su estructura política, económica y social como de las estrategias y planes de desarrollo que necesariamente deberán implementarse de forma inmediata.

Una mayor exposición a los mercados financieros de EE.UU., Francia y del Reino Unido, así como mayores niveles de inversión de carácter especulativo, han producido serios recortes en los presupuestos de los países del árabes; y han afectado seriamente a países exportadores como Argelia, Libia, Arabia Saudí o Yemen; la reducción de las remesas de trabajadores en el extranjero, las exportaciones y el turismo han situado a países como Egipto, Marruecos o Jordania en una complicada situación financiera y social que, sin lugar a dudas, ha sido relevante al momento de los estallidos populares. Al aumentar significativamente los niveles de desempleo, especialmente entre los jóvenes con formación universitaria, se redujo una fuente de recursos vital para muchas familias, era una obviedad que las autocracias regionales estarían en problemas y entrarían en turbulencias como las que hoy estamos apreciando. La presión demográfica y el escandaloso nivel de desempleo agravo sustancialmente la de por si muy mala calidad de vida de los ciudadanos y ello dio lugar a que los sistemas autocráticos implosionaran inexorablemente. Los pueblos ya no aceptan vivir recorriendo el camino que les marcan sus dictadores. El cambio debe producirse ahora.

sábado, marzo 26, 2011

Protestas en países árabes dejan decenas de muertos

La guerra en Libia continuaba ayer con enfrentamientos militares entre artillería del presidente Muamar el Gadafi y elementos de países occidentales que en defensa de civiles rebeldes en el país, han lanzado misiles en contra de la capital Trípoli en su intención de destruir armamento libio.

A más de cuatro días de lucha por liberar al país del régimen de Gadafi, la Unión Africana dijo ayer viernes haber logrado poner fin a la crisis en el país, sin embargo, según las últimas declaraciones de la OTAN la guerra en el Oriente Medio se prolongará por lo menos tres meses más y podría extenderse de manera indefinida hasta la caída de Gadafi o su decisión de un proceso transitorio de poder digno y seguro.

Mientras que los rebeldes libios se mostraron ayer optimistas de que en las próximas horas puedan recuperar el control total de Ajdabiya, donde continúan los enfrentamientos al igual que en Misrata y en Zintan, en tanto que la calma reina en Bengasi.

Las fuerzas de la coalición internacional que ha impuesto una zona de exclusión aérea en Libia bombardearon ayer posiciones de las fuerzas progubernamentales en el acceso oeste de Ajdabiya.

Los rebeldes opinan que esas tropas tienen la moral debilitada, ya que están aisladas y no pueden recibir provisiones.

 Yemen
Además, partidarios y detractores del presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh, se han enfrentado en las calles de la capital del país, Saná, y otro manifestante ha fallecido en Bahréin, donde centenares de personas han salido a manifestarse desafiando el estado de emergencia.

“Creo que hemos llegado a un punto de no retorno. No creo que Oriente Medio vuelva a ser lo mismo. Se está produciendo un nuevo orden, se está produciendo una nueva revolución”, aseguró  Fawaz Gerges, profesor de política de Oriente Medio en la London School of Economics.

Pese a la gravedad y el deterioro de la situación política en Yemen y Bahréin, países con Gobiernos aliados de Occidente en los que la fuerte represión se ha cobrado ya decenas de muertos, detenciones de destacados opositores y medidas de excepción democráticas, ha sido la espiral de violencia en Siria la que ha encendido todas las alarmas.


jueves, marzo 24, 2011

Ola de protestas en el mundo árabe: ahora el turno de Siria

La muerte de un número indeterminado de personas que participan en manifestaciones antigubernamentales plantea el interrogante de si Siria será el próximo país árabe en verse conmocionado como resultado de la actual ola de protestas en el mundo islámico.

Se estima que 18 personas murieron y decenas resultaron heridas luego de que la policía abriera fuego contra opositores en la ciudad sureña de Deraa.
Pero activistas de derechos humanos aseguraron a la BBC que la cifra de víctimas fatales asciende a 37.

El periodista de la BBC Jim Muir comenta que, seis días después de que comenzaran las protestas en Deraa, todo indica que está resultando difícil para las autoridades contener la ira popular.

Según los corresponsales en Siria, una veintena de camiones militares llenos de soldados armados partieron de Damasco con destino a Deraa, que desde hace una semana es foco de protestas.

"Bandas armadas"

El miércoles, los cuerpos de seguridad abrieron fuego y lanzaron gases lacrimógenos para intentar dispersar a miles de personas que participaban en los funerales de seis manifestantes muertos en anteriores hechos de violencia.

Cientos de personas se habían congregado en las calles cercanas a la mezquita de Omari para prevenir que las fuerzas gubernamentales la tomaran.

El gobierno dice que el edificio es un refugio de bandas armadas, y la televisión estatal mostró imágenes de armas, municiones y fajos de billetes supuestamente hallados en la mezquita.

Según las autoridades, se ha traficado armamento y equipos de comunicaciones desde el vecino Israel, país al que acusan de ser el origen de más de un millón de mensajes telefónicos de texto urgiendo a los sirios a usar las mezquitas como bases para fomentar conflictos.

A su vez, el gobierno ha calificado de "mentiras" los mensajes y las imágenes enviadas desde la zona hacia el exterior con "historias sobre masacres" y asegura que la población local está "cooperando para detener a las bandas armadas".

Las autoridades acusaron al servicio árabe de la BBC de difundir "mentiras provocativas".

Desafío

Siria vive desde 1963 bajo una la ley de emergencia que impide la convocatoria de manifestaciones, por lo que las actuales protestas son consideradas como el mayor desafío que ha tenido el presidente Bashar al-Assad desde que asumió el cargo en 2000, tras la muerte de su padre, Hafiz.

Como explica Jim Muir, de la BBC, "hasta ahora algunos intentos de movilizar a la oposición en Damasco y en otros lugares se habían desvanecido, dejando la impresión de que la situación no era tan volátil como en otros países árabes".

"Pero debido a la mano dura de las autoridades con pequeños incidentes locales, Deraa de repente se convirtió en el centro de la indignación popular, similar a la que ha prendido la mecha en otros lugares" de la región.

No hay que olvidar que la actual ola de protestas se inició en Túnez por reivindicaciones regionales y se trasladó rápidamente a las grandes ciudades.

Tampoco debe perderse de vista que, como explica Muir, "Siria comparte muchas de las condiciones que llevaron al derrocamiento de los gobiernos en Túnez y Egipto, y que subyacen en los trastornos en Libia, Yemen, Bahréin y otras naciones".

Aunque Al-Assad sólo ha estado en el poder durante una década, heredó los problemas de la presidencia de su padre, quien gobernó durante 30 de los 37 años transcurridos desde el golpe de 1963, que llevó al poder al partido Baas.

Al igual que los otros países árabes, "Siria está plagada de corrupción de alto nivel y clientelismo vinculados con la represión política aplicada por los servicios de seguridad bajo leyes de emergencia draconianas en vigencia durante casi 50 años", manifiesta Muir.

Hay un factor adicional, según los analistas: el poder se concentra en manos de la minoría alauita (una rama del Islam chiíta), a la que pertenece Al-Assad, lo que genera resentimientos entre la mayoritaria comunidad sunita.

A favor del gobierno están particularmente "su postura nacionalista", afirma Muir, y "la firmeza en contra de Israel y, en ocasiones, de los poderes occidentales", lo que le granjea apoyo entre la población.

Buena parte de la evolución de los acontecimientos en Siria dependerá -según pronostica el periodista- de cómo Al-Assad maneje la ira manifestada en los últimos días en Deraa y que potencialmente podía extenderse a otras regiones del país.

sábado, marzo 05, 2011

¿hacia donde van los levantamientos de los paises del mundo arabe?

Todavía no está claro hacia dónde se dirigen las revueltas en el mundo árabe. La ola que se formó tras la sublevación en las calles de Túnez en enero aún no llegó a la orilla, por así decirlo.

Desde Marruecos a Muscat, los gobernantes árabes están ahora recibiendo el mensaje claro de que el statu quo que ha existido en su país durante años, incluso décadas, le resulta inaceptable a una gran parte de su población.

Las protestas están en diferentes etapas en diferentes países y sería un error pensar que este es un único movimiento con una oposición unida y un programa común. Pero todavía hay elementos comunes que atraviesan toda la región.

Sí, se trata de puestos de trabajo y oportunidades, los precios de los alimentos y la corrupción, pero muchos -especialmente los jóvenes urbanos bien educados- quieren algo más que comodidad económica. Quieren un sistema político que no se vea obstaculizado por opresión de un gobierno autocrático.

Así que, a puertas cerradas, en palacios fastuosos y mansiones bien vigiladas, la pregunta fundamental que resuena en los círculos internos del gobierno es: ¿qué podemos darles para seguir en el poder?

Cuando en Túnez y Egipto los presidentes fueron derrocados en un corto espacio de tiempo todos los comentarios hacían alusión a un "efecto dominó" y se especulaba con que los regímenes autocráticos árabes inevitablemente irían cayendo, uno por uno.

La única cuestión, decía la gente, era cuál sería el próximo. Hemos visto una serie de concesiones hechas a toda prisa por parte de los gobernantes que presas del pánico tomaban medidas para evitar que su continuidad estuviera bajo amenaza.

El presidente de Yemen se comprometió a retirarse en 2013, el rey de Jordania despidió a su gabinete, Argelia levantó el estado de emergencia y Arabia Saudita y Bahréin anunciaron abultados desembolsos de dinero. Estas son medidas para salir del paso, por supuesto, y no soluciones a largo plazo.

Pero lo que sin duda ha apagado las expectativas de un cambio rápido y radical son los sucesos de Libia.

Si el líder libio Muamar Gadafi y su familia hubieran sido expulsados del poder en pocos días, el impulso de Túnez y El Cairo se habría mantenido.

Sin embargo, el régimen libio, como hemos visto la semana pasada, se atrincheró y está luchando contra sus adversarios, utilizando su fuerza militar e influencias.

Más allá de si Gadafi sobrevive durante días, meses o años, es evidente que derrocarlo no es pan comido y que habrá costado muchas vidas.

La agencia Reuters citaba el viernes a Brendan Simms, profesor de historia de las relaciones internacionales de la Universidad de Cambridge, diciendo que "Libia es donde el fuego de la revolución de Túnez y Egipto podía disiparse. Hay mucho en juego".

Ahora echemos un vistazo a cómo están hoy los levantamientos, país por país.

jueves, marzo 03, 2011

Crisis en paises del Mundo Arabe

Un dramático proceso se está viviendo el mundo árabe en el norte de África (Magreb) y en el Oriente Próximo. Está compuesto por 22 naciones y una población del orden de los 360 millones de personas, en su inmensa mayoría de religión musulmana.
Este conjunto de naciones poseen una serie de características comunes; todas ellas deleznables para quienes creen que la libertad, la igualdad y la dignidad son derechos esenciales del hombre:
*Dictaduras longevas y cleptócratas, disfrazadas de repúblicas o monarquías constitucionales.
*Mecanismos de sucesión familiar para conservar el poder.
*Inexistencia o fuerte limitación de libertades políticas y sociales.
*Sistema de represión institucionalizado, con una fuerte presencia de servicios secretos.
*Elevadísimos grados de corrupción.
*Poderes judicial y legislativos férreamente dominados por los dictadores.

¿Cómo es posible que Occidente haya tolerado este dramático escenario? La respuesta se halla en la aplicación por parte de las principales democracias del lamentable principio de la “real politik”; esto es: manejo de la política exterior de un país en función de los intereses políticos y económicos, más que en base a principios éticos y morales. Esta perversa estrategia ha sido la que empleó Occidente para “aceptar” la trágica situación del mundo árabe con el objetivo económico de asegurar su abastecimiento petrolero y el político de lograr una supuesta estabilidad” en el área. A estos afectos aceptó como verdadera -para el mundo musulmán en general y para el árabe en particular- la siguiente disyuntiva: o dictaduras aliadas o el caos de gobiernos teocráticos fundamentalistas, al estilo del régimen iraní. Más aún; se llegó a afirmar que ni la libertad ni el sistema republicano liberal eran valores compatibles con la cultura musulmana. Estas argumentaciones son falsas -Turquía es una buena prueba de ello- y sólo sirvieron de pretexto para dar alguna validez moral a la “real politica".