martes, mayo 24, 2011

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Piden en Catar apoyar diálogo y cooperación entre Occidente y países árabes


Personalidades europeas y estadounidenses llamaron hoy aquí a apoyar los procesos de democratización resultantes de las revueltas populares en países árabes, pero pidieron hacerlo mediante la cooperación y el diálogo, y no a partir de dictados.
En un panel sobre las transformaciones en Medio Oriente, en el XI Foro de Doha abierto este lunes, el reverendo estadounidense Jesse Jackson abogó por acompañar de forma "inclusiva y transparente" a los movimientos a favor de
libertades en naciones como Egipto y Túnez.

Aunque recordó que los pueblos de Haití, Darfur, Palestina y Libia también merecen respaldo, "porque tienen los mismos derechos", el destacado luchador por los derechos civiles encomió la trascendencia de las revueltas revolucionarias en Egipto por su desenlace pacífico.
Subrayó que "siempre que hay revoluciones hay contrarrevoluciones", dijo el fundador de la agrupación Rainbow, y exhortó a distinguir sin mencionar casos específicos de manifestaciones en el mundo árabe.

A una pregunta de Prensa Latina, destacó que la libertad es el "elemento más importante" que se reivindicó, y llamó a garantizar el sostén y el trabajo digno para cada uno, pues señaló que uno de los detonantes de la convulsión en Túnez y Egipto fue el alto desempleo.

Si bien consideró que Estados Unidos y el resto de las potencias occidentales pueden aportar cosas valiosas a las transformaciones sociales y políticas en esta región, Jackson indicó que "un cambio más profundo necesita tiempo y un programa" propio.

"Los egipcios son luchadores, pero quien se entusiasma para el desarrollo debe tener un programa", acotó para comentar también sobre el peligro de que en Siria y Libia ganen terreno las fuerzas favorables a una división de esos países a partir de las protestas opositoras.

Por su lado, el ministro portugués de Relaciones Exteriores, Luís Amado, llamó a fortalecer las relaciones entre Europa y los Estados árabes para abordar juntos asuntos como desempleo, corrupción, conflicto palestino-israelí o el islamismo radical.

"Europa no puede imponer nada a los países árabes, podemos trabajar juntos y colaborar por la estabilidad de Medio Oriente", añadió Amado al subrayar que hoy el "gran desafío" para el Viejo Continente es mayor que el trazado para lograr la paz entre Europa del Este y del Oeste.

Hay que luchar contra el estancamiento y por más diálogo entre europeos, y entre Europa y el mundo árabe, prosiguió al admitir que "sin reforma social tamnpoco habrá estabilidad y cooperación".

"No podemos seguir sin una agenda común, si tenemos objetivos estratégicos, hay que tener también visión estratégica de futuro", puntualizó al mencionar el primer diálogo Unión Europea-Liga Árabe a raíz de la crisis libia, algo imposible hace dos años, aseguró.

lunes, mayo 16, 2011

Canciller de Egipto se convierte en nuevo jefe de Liga Arabe

El ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Nabil el-Arabi, fue aprobado el día 15 de manera unánime como el nuevo secretario general de la Liga Arabe, en sustitución de Amr Moussa.

En una sesión abierta para todos los países de la Liga Arabe, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Yussef bin Alawi, quien copresidió la sesión, presentó a el-Arabi como el nuevo secretario general.

Egipto retiró de manera repentina a Moustafa el-Fikki, también ex diplomático, en el último minuto y nominó a el-Arabi para el puesto con el fin de obtener un mayor consenso árabe, dijeron a Xinhua fuentes en la sede de la Liga Arabe.

En tanto, el candidato qatarí Abdulrahman Al-Attiyah, secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, se retiró de la competencia.

El-Arabi saludó a todos los delegados y pronunció un discurso no preparado: "Es un placer haber ganado esta gran confianza de todos los países árabes como jefe del organismo panárabe".

El-Arabi agradeció particularmente a Qatar y prometió emprender todas las medidas necesarias para mejorar las agendas comunes árabes. "Asumo este puesto en momentos difíciles. El trabajo árabe mutuo está atravesando por una crisis. Todos debemos permanecer unidos para resolver los problemas del mundo árabe", agregó

El-Arabi habló sobre su apreciación inicial para el nuevo puesto y resaltó que "mi deber es sugerir y recomendar, pero la decisión final será tomada por las cumbres árabes".

El ex jefe de la agrupación Moussa felicitó a el-Arabi y dijo: "Decidí dejar (el cargo) y me siento muy feliz de que mi sucesor sea capaz de encabezar el barco árabe".

Moussa agregó que "hubo una transferencia cualitativa en la estructura de la Liga Arabe; bastantes instituciones se añadieron mientras que otras fueron eliminadas".

"El consejo social y económico de la Liga Arabe es un consejo soberano que encabezará a la sociedad árabe al éxito en muchas áreas", agregó Moussa, quien insistió en que los asuntos económicos, sociales y culturales son la prioridad en las agendas de la Liga Arabe.

Los delegados en la reunión elogiaron los esfuerzos del jefe anterior. "Moussa fue un diplomático exitoso y su partida es una pérdida para el trabajo común árabe", dijo un delegado sirio

jueves, mayo 05, 2011

El latido de las revoluciones árabes

La primera cuestión importante que nos plantean es, precisamente, el retorno de la idea de revolución. “Siempre anacrónica, inactual, intempestiva, la revolución llega entre el ‘ya no’ y el ‘todavía no’, nunca a punto, nunca a tiempo. La puntualidad no es su fuerte. Le gusta la improvisación y las sorpresas. Sólo puede llegar, y ésta no es su paradoja menor, si (ya) no se la espera “, afirmaba Daniel Bensaïd. Dicho y hecho, los imprevistos acontecimientos en Túnez y Egipto resitúan en el imaginario colectivo la idea de que la acción colectiva es útil, que se pueden conseguir cosas con la movilización social y amplía el horizonte de lo posible. Su impacto en las conciencias de los trabajadores europeos es limitado, está claro, por la distancia cultural y política. Pero, aún así, son un contra-ejemplo a la experiencia cotidiana de las luchas sociales en nuestro país. Un mensaje de esperanza ante la resignación y el desánimo tras décadas de retrocesos y derrotas.
Los acontecimientos en el Magreb y el mundo árabe nos deben servir, también, para combatir la xenofobia en ascenso, la asociación interesada entre inmigración de origen musulmán e integrismo religioso. Las protestas y las revoluciones en marcha a favor de la democracia, la justicia social, la mejora de la situación de la mujer… ayudan a contribuir a desmontar la falacia del “choque de civilizaciones” y los perjuicios culturales.
La efervescencia política en la región provoca también una creciente politización de la población inmigrante, creando un mejor escenario para la confluencia entre ésta y la izquierda “autóctona”. Una tarea estratégica para hacer frente al neoliberalismo y a los intentos de que la crisis la paguemos todos y todas.
Reforzar la solidaridad internacional con los procesos en curso debe ser una prioridad para los movimientos sociales de aquí. Para ello hay, pero, que orientarse bien sobre lo que está pasando. Primero, debemos tomar distancia de las tesis conspirativas que ven la mano de la CIA detrás de las revueltas. Sin duda las conspiraciones existen, pero no podemos interpretar la historia en clave conspirativa. Parece que para algunos la propia noción de revolución se había debilitado tanto que no se lo acaban de creer y tienen que ver montajes inexistentes donde sólo hay explosión de ira y rabia ante la injusticia!
Segundo, no hay que confundirse de bando en el caso libio. La defensa de Gadafi en nombre del anti-imperialismo que están haciendo algunos sectores de la izquierda, en particular bajo el impulso de Hugo Chávez, es un grave error que sólo sirve para despistar al movimiento de solidaridad internacional. En Libia, sin embargo, se plantea otro (complejo) dilema donde la izquierda europea no debe fallar: la necesidad de oponerse a la intervención militar de la OTAN que, lejos de defender los anhelos democráticos del pueblo libio, pretende controlar el escenario post-Gadafi y la explotación del petróleo. El aislamiento político y económico internacional del régimen, y el suministro incondicional de armas a los rebeldes son alternativas internacionalistas y solidarias a la intervención militar.
A pesar de todas las dificultades, el ascenso de protestas en países como Siria muestra que la dinámica iniciada en Túnez no se ha desvanecido. No debemos embellecer románticamente los procesos en marcha ni obviar sus carencias, ni tampoco desautorizarlas porque no son todavía “verdaderas revoluciones” que han conseguido dar la vuelta al orden económico y social. La gran debilidad política, organizativa y cultural de la izquierda en la región es uno de sus talones de Aquiles. Estas primeras “revoluciones del siglo XXI” son contradictorias y con límites, no siguen un modelo preestablecido y su resultado es abierto e incierto. El reto es precisamente conseguir que vayan hasta el final con todas sus consecuencias, evitando así que las esperanzas de cambio queden frustradas y, finalmente, “todo cambie para que no cambie nada”.
La fuerza de los inesperados vientos que soplan en el Magreb y el mundo árabe desde hace meses no sólo electrizan la región sino que dan nuevas esperanzas a los movimientos sociales de aquí sobrados de derrotas y desengaños y faltados de victorias.

sábado, abril 16, 2011

Zoellick: si la crisis empeora en países árabes la economía se resentirá

Si la crisis política en el mundo árabe se agrava, el crecimiento mundial podría "descarrilar", advirtió este sábado el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.
"Un empeoramiento de las condiciones en Oriente Medio y Africa del Norte podría hacer descarrilar el crecimiento mundial", declaró Zoellick ante el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), instancia de los 24 países que define las grandes orientaciones políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Zoellick estimó de todas formas que las "perturbaciones económicas directamente relacionadas con la agitación política" en el mundo árabe "deberían tener repercusiones limitadas a nivel mundial".
Lo mismo sucede con el tsunami y el consiguiente accidente nuclear en Japón, dijo.
El crecimiento en Egipto será del 2,5% y el de Túnez del 1,5% respectivamente, afirmó Zoellick. Eso representa una media de tres puntos por debajo de lo previsto hace tres meses.
"Si los precios del petróleo aumentan fuerte y persistentemente, ya sea por la creciente incertidumbre o una perturbación significativa de la producción petrolera, el crecimiento mundial podría desacelerarse 0,3 puntos porcentuales en 2011 y 1,2 puntos porcentuales en 2012", advirtió.

sábado, abril 09, 2011

Tulcíbides y Libia

El término “guerra humanitaria” es tan incongruente como “postre salado”, “amor amargo” y “viaje estático”.
Son dos los problemas. Primero, la “guerra humanitaria” es un engaño pues en política internacional todas las cuestiones éticas se vinculan al poder. Segundo, las “guerras humanitarias” no tienen límite pues el mundo es, ha sido y siempre será imperfecto.
Decía Goethe: “Nadie nos engaña, nos engañamos a nosotros mismos”. Al contrario de lo sostenido en reciente artículo por Moisés Naim, en el que  comparó los millones de muertos reales en Auschwitz con los hipotéticos muertos de Benghazi, la principal crítica que se hace a Obama no tiene que ver con el hecho (certificado por su Secretario de Defensa) que Washington no posee intereses vitales en Libia. Lo que se cuestiona es la hipocresía de un Obama que dijo esto de Saddam Hussein: “Es un hombre cruel y brutal que asesina a su pueblo para asegurar su poder…Pero no constituye una amenaza directa e inminente a Estados Unidos o a sus vecinos…Por lo que me opongo a esta guerra (en Irak)”.
¿Y Gadafi qué? ¿No estaba Gadafi colaborando con la CIA contra Al Queda? ¿No había entregado Gadafi sus armas químicas y biológicas a Washington luego de que vio a Saddam colgando de una soga? ¿No merecía Saddam ser derribado por “razones humanitarias”? ¿No eran acaso las masacres de Saddam concretas, a diferencia de la conjetural en Benghazi?
Las guerras, afirmó Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso, se hacen por miedo, interés u honor. Herodoto, Tucídides, Polibio y Plutarco se habrían sorprendido ante las “guerras humanitarias” y políticamente correctas de Obama, Sarkozy y Cameron, que cubren sus vergüenzas con la hoja de parra que proporciona la ONU. Lo peor es que sólo engañan a los que quieren engañarse a sí mismos, como los que hablan de Auschwitz en el contexto de la guerra civil en Libia.
¿Es Gadafi un tirano repulsivo? Sin duda. ¿Es preferible sacarle del poder? Quizás. ¿Vendrá algo mejor? Eso no lo sabemos. Y es fundamental precisar lo siguiente: La crisis del mundo árabe-islámico apenas empieza. Gadafi pertenece al pasado. Lo que ahora ocurre se debe en lo esencial a que casi todos esos países, colchas de retazos del viejo colonialismo europeo, son Estados fallidos, es decir, carecen de viabilidad socioeconómica y política y están naufragando bajo el peso de enormes masas empobrecidas, hambrientas y frustradas.
Libia tiene poca importancia y Gadafi todavía menos. Lo clave es el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita en torno al Golfo Pérsico y su inmenso potencial estratégico. Ante el desafío que significa el más relevante conflicto geopolítico del mundo actual, Obama guarda silencio y procura congraciarse con los implacables Ayatolás del Irán fundamentalista.
Frente al reto que se avecina en el Medio Oriente resulta patético responder con una política exterior de “guerras humanitarias”. Se requiere un realismo político frío y calculador, basado en la máxima maquiavélica según la cual en política es preferible ser temido a ser amado. Washington no debe desgastarse tras la confusión generada por el ingenuo idealismo de una dirigencia extraviada e hipócrita. Se requiere una política que sólo vaya a la guerra por intereses bien calibrados, pero no por “razones humanitarias” que no son sino excusas con las que a nadie engañan, y en particular con las que no engañan a las masas árabes. No es la libertad lo que viene en el Medio Oriente sino tal vez la democracia anárquica, o algo peor. Hay que estar preparados y dejarse de hipocresías.

viernes, abril 08, 2011

Tres crisis por el precio de una

El año 2011 no fue perezoso en mostrar sus credenciales. Desde enero surgieron con fuerza acontecimientos que apuntan a ser importantes en la configuración geoestratégica de algunas zonas del planeta. Las revueltas en el mundo árabe, denominadas en algunos medios de comunicación occidentales "primavera árabe" asimilándolas alegremente con la de Praga, han producido un impacto importante en la configuración geopolítica de Europa, la cuenca mediterránea y Oriente Próximo.
Ese impacto es directo en el mundo árabe y también meridianamente esclarecedor en Europa, en las relaciones trasatlánticas y en la configuración de nuevos actores. Hasta ahora, el aparente equilibrio de esta zona del mundo se conformaba con la Unión Europea, la Alianza Atlántica y una plétora de actores árabes entre los que se incluían el perdonado régimen libio, el Egipto de bajo perfil desde los acuerdos de Camp David de 1978, los regímenes hereditarios de Siria y Marruecos, el pujante Túnez y la supremacía espiritual y financiera de la casa de Saud con su protectorado sobre los países del Golfo.
Cualquier alteración del equilibrio geopolítico es un hecho de la mayor importancia y aquel actor estratégico que es consciente del hecho está en condiciones de poder situarse e influir en la situación, por el contrario, aquellos que siguen en la partitura anterior están condenados a ser arrastrados por una corriente desfavorable para sus intereses. El equilibrio que tenía por eje la cuenca mediterránea se ha alterado por la confluencia de tres crisis, dos de ellas más o menos disimuladas: la de la Unión Europea y la de la Alianza Atlántica, la tercera es la del mundo árabe, si consideramos las revueltas en esos países como parte de un todo. El iniciador que ha puesto al desnudo la situación se ha materializado por un impulso de rasgo occidental: la intervención por motivos humanitarios, que se ha efectuado en nombre de la comunidad internacional en Libia.
Aunque los líderes de la Unión Europea siguen anclados en el objetivo avanzar hacia "una Unión más integrada", el hecho es que la crisis de las deudas soberanas en la eurozona ha venido a poner de manifiesto, no ya simples desacuerdos entre socios, sino desequilibrios estructurales, producto del hecho de haber obviado los factores geopolíticos en la construcción de una Unión que fuese posible, no aquella diseñada sobre ensoñaciones y puesta a funcionar a lomos de una burocracia muy perfeccionada. La actual crisis del Mediterráneo era una buena oportunidad para poner en funcionamiento las previsiones del Tratado de Lisboa en cuanto a política exterior y de defensa, pero el ejercicio autónomo del poder por parte de los principales socios de la Unión, como no podía ser de otra manera, ha dejado muy tocada la ya muy tenue credibilidad de la UE como actor estratégico. La situación podría resumirse de forma castiza en aquello de que "la caridad empieza por uno mismo", porque cada uno es cada uno y unos son más que otros.
La entente frugal, los acuerdos de Defensa entre Francia y Reino Unido del pasado Octubre con ocasión de los recortes presupuestarios, era un heraldo del tiempo por venir. A diferencia de los acuerdos de Saint Maló de 1998, esta vez en la primera ocasión que se ha presentado, los han aplicado. Franceses y británicos, siendo las potencias nucleares europeas, conservan aún capacidades militares convencionales de cierta solvencia expedicionaria y las emplean como baza, junto con una agresiva acción diplomática, para contrarrestar el creciente poder alemán basado en su economía. Libia era una ocasión propicia para exhibir poderío político, y así lo han hecho. Tanto Francia como Reino Unido han demostrado que el poder blando de la Unión, por si solo en la esfera internacional, sirve para ahondar en la irrelevancia.
Es también cuanto menos chocante la falta de protagonismo del Consejo Atlántico durante la crisis de Libia y, el hecho de que existe algo más que la apariencia de que haya sido suplantado por un directorio ad hoc, es algo que invalida el Concepto Estratégico de Lisboa a los pocos meses de su aprobación, porque esta circunstancia era, simplemente, no imaginable y, por lo tanto, las previsiones del Concepto no podían estar basadas en ella. La divergencia de voto de los aliados en el Consejo de Seguridad de la ONU, al igual que en 2003 con la guerra de Irak, es el preludio de un desacuerdo en el Consejo Atlántico y, por lo tanto, de una solución chapucera a cocinar. La estructura militar de la organización de la Alianza, la OTAN, no debe convertirse en un instrumento que pueda utilizarse al margen de la dirección política plena del Consejo, no debe estar en alquiler. Afganistán y Libia son hitos que, precisamente, no jalonan un futuro halagüeño para la Alianza. La imagen de la aportación canadiense, o la noruega, en el Mediterráneo (flanco Sur) y la ausencia alemana valen más que mil palabras.
La tercera crisis, la del mundo árabe, no ha sido precisamente un cisne negro en el sentido que le atribuye Nassim Taleb, ese suceso con tres características: algo que está en el ámbito de lo inesperado, produce un impacto extremo y que, si se hubiese prestado la atención debida, podría esperarse como una posibilidad cierta. Reducir los acontecimientos a que esas sociedades reclaman democracia es una actitud pueril, exponente de una narrativa falaz pero que actúa como palanca para la toma de decisiones. El mundo árabe forma parte del musulmán y tiene su propia dinámica, producto de sus antecedentes históricos y de su cultura. Los cambios en el mundo árabe seguirán sus propios pasos, sus causas son complejas y de hondo calado, difíciles de adaptar a la visión occidental.
Aunque no son equiparables, tanto la demografía como el impacto de las tecnologías de la información han tenido su incidencia como detonador en las revueltas árabes, pero los hechos hay que enmarcarlos en el devenir histórico reciente. El mundo árabe, una vez que la idea socialista murió con Nasser y el liderazgo pasó a manos del wahabismo saudí, se convirtió en el antagonista del Irán jomeinista, con su radicalismo chií. Hoy esa situación de enfrentamiento teocrático, está mutando dada la irrupción de Turquía que busca su hegemonía estratégica en la región por la adopción de un islamismo de características propias y en el rescatado impulso histórico de reconstituir el califato que destruyó el kemalismo. La aproximación turca al problema es blanda, no desea enemigos, busca liderazgo y puede que la presente crisis le brinde esa oportunidad. Ankara, no Teherán ni Riad, es la referencia para un hipotético Califato.
Las tres crisis apuntadas no son de la misma naturaleza, las dos primeras, la Unión Europea y Alianza Atlántica, tiene características más bien existenciales con perspectivas de un melancólico languidecimiento, la del mundo árabe apunta a un proceso más o menos largo, de transformación dentro de su precario equilibrio interno. En estas tres crisis están inscritos los intereses nacionales de España, preservarlos requiere de unas sólidas políticas para la constitución y aplicación de los potenciales diplomáticos y militares. Esa tarea no es aplazable y requiere una sólida dirección estratégica. 

domingo, abril 03, 2011

El trasfondo de la crisis árabe

Comenzó en Irak y Egipto, sigue en Siria, Yemen y, con fiereza, en Libia. La simple lectura de este conflicto generalizado en los pueblos y países árabes, señala que quieren sacudirse de dictaduras o presidentes incapaces. Y allá acuden a ayudar los demócratas y humanitarios países de occidente con su portaestandarte Estados Unidos de Norteamérica.

Pero, se debe ahondar más sobre las causas del conflicto en el que no sólo está en juego valores políticos y sociales, sino también económicos y hasta religiosos.

El antecedente que puede ayudar en esta reflexión está en la invasión a Irak, ejemplo patético de cierta “política” internacional basada en falsedades. La historia inmediata y la que queda para los tiempos venideros, juzgará este acto bélico de la “coalición”. Motivada en una mentira, que ahora se sabe que era conocida antes, analistas, políticos, historiadores imparciales e incluso de los bandos opuestos, sostienen esta certeza.

De esta manera quedó desnuda una verdad: la invasión a Irak tenía el objetivo de controlar el petróleo de ese país que, hasta años antes gozaba del respeto a su soberanía de los mismos que lo atacaron.

En aquella ocasión, el presidente George W. Bush (en lo que su prensa minimizó o llamó lapsus), declaró que el ataque era una “cruzada”, dándole el cariz religioso. La mayoría de los pueblos de países árabes en crisis es musulmana, palabra que espanta al sólo oirla a la población de los países de occidente, de confesiones cristianas.

Los conflictos en estos países árabes coinciden con las informaciones del declive de los yacimientos de petróleo en el mundo, combustible que literalmente hace andar sus economías. Así aparece el fuerte interés en las intervenciones directas e indirectas en países con regímenes críticos de occidente.

Pero, también el mundo se pregunta por qué otros países petroleros con regímenes autoritarios, como Arabia Saudita, origen de Osama Bin Laden, y una aristocracia férrea y regidos por leyes que serían intolerables en una democracia, gozan el apoyo del mundo civilizado y nunca son mencionados en los informes oficiales sobre derechos humanos.

No es todo, pero los análisis que el público consume, no deben quedarse en medias verdades.

viernes, abril 01, 2011

Cinco mil años viendo a los imperios aplicar la violencia

Pensar en el Mundo Árabe remonta a lo que nos quisieron mostrar en la escuela, pirámides de Egipto, ejércitos de miles de guerreros persas, caballos y lanzas, riquezas y petróleo, bellezas. Pero atrás de todo esto hay un pueblo que ha visto en miles de años como los grandes quieren ser más grandes pisando a los chicos.

El doctor Ghassan Abbas, embajador de la República de Siria en Venezuela, nos explica como la intervención actual de fuerzas internacionales en conflictos árabes es una estrategia que tiene años pensada, y un objetivo sencillo, el poder.

Mundo Árabe y los imperios occidentales

Para el embajador Abbas el imperio en este momento es Estados Unidos, aunque algunas naciones que fueron imperios coloniales como Gran Betraña, Francia, Italia, España, Holanda, todas fuerzas colonizadoras apoyan la ideología americana.

“Hace dos décadas que el rol de super estado lo ocupa Estados Unidos sin competencia, sin ninguna nación que le haga contrapeso, por la crisis en que sucumbió la Ex Unión Soviética”, afirmó.

Para el doctor Abbas está claro que “Estados Unidos quiere que el Mundo entero sea un escenario de sus políticas, las mismas con el único fin de favorecerles en perjuicio de otras naciones y los intereses de otros pueblos”.

“Nosotros como sirios estamos en contra de la hegemonía americana en el Mundo y por eso tenemos un proyecto nacional unitario a favor de la unidad de los países árabes”.

La intervención por todos los medios

El doctor Ghassan Abbas, embajador de Siria en Venezuela, nos explica que la intervención sejuga en múltiples terrenos, siendo el ideológico uno de los más importantes.

“Nosotros hemos sobrevivido durante siglos sin ser absorbidos por ningún imperio que ha existido en el Planeta, y esto seguirá siendo así. Esto lo tenemos muy claro”.

Explicó Abbas que “como país árabe que hemos tenido importante participación en el desarrollo de la humanidad, nosotros creemos en el apoyo y la colaboración como pueblos hermanos. Como te digo, el problema del imperio estadounidense es que ellos están trabajando con algunas empresas transnacionales y multinacionales las cuales imponen y cambian gobiernos”.

“Las cinco empresas más grandes del Mundo tienen el presupuesto de 80 de los países más pobres” afirmó.

Desde esta visión se puede explicar que el desequilibrio de razón a las guerras entre los imperios occidentales y países nacionalistas porque el deseo de las potencias en el comercio internacional está para favorecer a que los grandes sean más grandes y los pobres más pobres.

“Nosotros, como Venezuela no pensamos esto, pensamos en el pueblo, por eso no queremos esas empresas transnacionales como CocaCola, McDonalds y aún peor esas empresas humillantes de tráfico de personas como los servicios sexuales por internet, denominados SexShop, u otros que generan millones de dólares”, afirmó.
Para el embajador abbas existeun grupo pequeño que se dedica a manejar todo esto y desde Siria hay un empeño en combatir este modelo.

jueves, marzo 31, 2011

La crisis en el mundo árabe y la hipocresía de Occidente

Como si faltara poco para complicar el ya difícil panorama de la realidad árabe, los movimientos de protesta se expanden a gran velocidad y turbulentamente. Iniciados mediáticamente en Túnez por un tal Mohammed Bouazizi, vendedor callejero que se inmoló frente a la tiranía, las protestas ya se llevaron por delante al tunecino Zine Ben Alí y al egipcio Hosni Mubarak. Hoy,  una guerra civil sacude la Libia de Muammar Kadafi y tiene en ascuas al régimen de Bahrein, al de Siria y a Yemen.

Años de una real política diplomática creada para preservar la estabilidad de la región y cuidar los recursos energéticos, sin importar la calidad moral de los regímenes mientras preservaran el petróleo, están hoy en proceso de dudas y críticas, que muestra, además,
las carencias de las potencias mundiales para controlar la situación. Europa no tiene los recursos económicos y militares para impedir que fulanos como el líder libio capturen a ciudadanos occidentales, cierren los grifos de los oleoductos o instiguen a un aluvión inmigratorio que ponga en jaque al viejo continente.
De la misma forma que Marruecos es importante para Madrid, lo es Argelia para París, Libia para Roma, Omán para Londres y Jordania para Tel Aviv o Berlín,  y sobre todos ellos sobrevuelan los intereses de Washington. La adopción de una política de sanciones –que incluyen embargos de armas y depósitos bancarios- de manera común a todo aquel régimen que vulnere los derechos humanos fue propiciada por Nicolás Sarkozy, que tomando posiciones para los próximos comicios, adoptó una postura especialmente firme con el líder de Trípoli, aunque no así con otros regímenes déspotas pero más cercanos a los intereses galos.

Su par británico, David Cameron, está intentando distanciarse de la política de Tony Blair y sus pactos con tiranos, no solamente para hacer negocios, sino para buscar apoyos en la “guerra contra el terror”, entre esos mismos déspotas que también  temen a los radicales extremistas. El jefe conservador realizó una visita a Omán, Qatar, Kuwait y Egipto para explicar la política del gobierno inglés y propició cierta disculpa por el modo que tiene su país de considerar a los pueblos árabes como poco aptos para mantener un régimen democrático, como si fuera fácil hacerlo para gentes que nunca conocieron los modos habituales en Occidente. Fue el primer político europeo que visitó la plaza Tahrir en El Cairo, que fue el centro de los tumultos que condujeron la salida de Mubarak.
Más allá de las disculpas y buenas palabras, Cameron estaba acompañando en gira por muchos representantes de fábricas de armamento (Inglaterra vende armamentos por 25.000 millones de dólares anuales), lo que provocó el sarcasmo del periodismo londinense, conocedor  de que varias de las más fastuosas mansiones y castillos en suelo británico son propiedad de jerarcas árabes, como la familia real de Bahrein, de Arabia Saudita y del mismo Kadafi.

La Casa Blanca y las alfombras mágicas
Mientras observa con preocupación la andanada de rebeliones en el Oriente Medio, Washington enfrenta una situación seria: que los presidentes árabes sean derrocados y los jeques de las monarquías sigan en pie. En el mapa de operaciones del hoy que se extiende desde Irán hasta Marruecos, dos presidentes son historia: Hosni Mubarak en la tierra de las Pirámides y Zine El Abidine Ben Alí en Túnez, otro que está en la cuerda floja es el presidente de Yemen, Alí Abdullah Saleh, un pícaro autoritario que manipuló eficazmente a las facciones de su país durante varias décadas para perpetuarse.
Además la situación crea un problema mayor para los Estados Unidos, que recibió el apoyo del gobierno en las operaciones terroristas y que ahora anuncia elecciones a las cuales no se prestará. Por el momento, en Bahrein, el rey Hamad Ben Isa al-Khalifa logra sobrellevar la crisis aunque con una brutal represión, pero sigue teniendo el apoyo de los estadounidenses, cuyo gigantesco asentamiento militar podría correr riesgos si cayera el rey.
La Casa Blanca cree que el rey Abdullah de Arabia Saudita conservará su trono, al igual que los emires del Golfo Pérsico, que todavía no tuvieron insurrecciones populares o castrenses. Abdullah II, de Jordania está moviéndose con gran pericia para conservar el poder, aunque está alerta ante una población palestina que puede traerle problemas.
Obama hizo llegar claramente sus mensajes diplomáticos a los monarcas y casa reales, aún a los que encabezan las administraciones más represivas: a la realeza árabe EEUU ofrece respaldo y seguridad, pero conserva un distanciamiento con los presidentes autocráticos que luchan por la sobrevivencia. Algunos de los jeques árabes han ejercido el poder tan duramente como los presidentes, pero pueden mantenerse por encima de la turba y del gobierno. Ya sabemos que los presidentes árabes creen que fueron elegidos democráticamente, aunque casi todos los procesos eleccionarios han sido fraudulentos, la pantalla de legitimidad desaparece cuando las sociedades estallan por el descontento.
Consideremos que estos presidentes gobiernan naciones muy pobladas, que no tienen las riquezas petrolíferas de los reyes del Golfo, lo que permitiría calmar a la población con mejoras salariales y reducciones en los impuestos, no olvidemos que en los últimos tiempos los terribles aumentos en los cereales, en especial el trigo, elemento esencial en la alimentación del pueblo árabe, daña la economía y los bolsillos.
Astutamente, los reyes de Jordania y de Arabia tomaron medidas que favorecen a la población y con ello controlan la situación. Un caso paradigmático es Libia, en donde encontramos al coronel Muammar Kadafi, que no es presidente ni es rey y que llegó a la catástrofe con una celeridad sorprendente.  Mientras que en Egipto el mismo Obama habló con Mubarak, ningún funcionario de la Casa Blanca se comunicó con el líder libio.

miércoles, marzo 30, 2011

Khaled Saïd: El egipcio que desató la actual crisis en los países árabes

El nombre de Khaled Saïd lo conocen en todo el norte de África. En Egipto, Túnez, Marruecos, Argelia, Yemen, Bahréin, Siria, Libia y muchos otros países que hoy se levantan contra los regímenes que llevan años en el poder, Saïd ha sido el detonante de las revueltas. Este joven de 28 años, que usaba internet como su arma de denuncia contra los excesos de la corrupción en Egipto, se convirtió en un héroe cuando cayó el gobierno de Hosni Mubarak, el 14 de febrero.
No militaba e ningún partido, sólo buscaba indicios, huellas y hechos de los excesos del gobierno egipcio y los difundía en la red. Saïd sabía muy bien el costo que esa suerte de insurrección virtual podía tener en Egipto y lo predijo en las canciones de rap que compuso “Moriré como mártir. No temas, mamá, porque no soy el único”, cantó días antes de su muerte.
Junio 6 de 2010, calle Midhat Seif El Yazal Khalifa, barrio Cleopatra de Alejandría. “Tenemos orden de matarlo”, le dijeron los dos policías mientras estrellaban su mandíbula contra las escaleras de mármol a la entrada del edificio. Lo habían mandado llamar minutos antes desde un cibercafé, a pocos metros de su casa, con el pretexto de que necesitaban ayuda de Khaled, un “genio de la informática”. Dos oficiales destrozaron su cabeza a punta de golpes y lanzaron su cuerpo a la mitad de la calle, completamente desfigurado. Nadie se atrevió a levantar a Khaled, que en árabe quiere decir “eterno”. Dos semanas antes, el joven había publicado en Youtube un video de unos policías repartiéndose la droga incautada a unos traficantes.
“Todos somos Khaled Saïd”, fue la respuesta de una página creada en Facebook con una información extensa e imágenes sobre la muerte del joven alejandrino y que, en muy pocos días, llegó a aglutinar cerca de 500.000 miembros, es decir, el 10% de usuarios de esta red social en Egipto. “Muchos se identificaron con Khaled”, explica Aida Seif el-Dawla, psiquiatra y abogada del Centro Nadeem para la rehabilitación de víctimas de la violencia y la tortura en El Cairo. Con el tiempo, la página de apoyo a Khaled se convirtió en el cerebro virtual, no sólo de la llamada revolución democrática egipcia, sino de las revueltas en Oriente Medio.
El creador de la página fue Wael Ghoneim, responsable de marketing de Google para Oriente Medio y África del Norte, quien confesó su autoría. Miles de internautas encontraron en la campaña “Todos somos Khaled” el medio para la protesta, que pronto pasó de las pantallas de los computadores a la calle. A través de Facebook se invitaba a desfiles silenciosos. Vestidas de negro, de espaldas al mundo y de cara al Nilo, cientos y luego miles de personas expresaron en silencio su dolor y su rabia por el asesinato de Khaled Saïd.
Marzo 2011. Calle Khaled Saïd, en el barrio Cleopatra de Alejandría. Tres semanas después de la caída de Hosni Mubarak y de un incremento en el malestar en Siria, Bahréin y Libia, el café internet en donde lo mataron todavía está allí, su familia sigue viviendo en la misma casa y tal vez algunos de las personas que están sentadas en las terrazas fueron testigos de su muerte.
— Khaled no fue el primero. Antes y después de él la policía ha matado a otros. Pero él se convirtió en un caso emblemático porque nosotros no echamos marcha atrás, ni nos hemos dejado intimidar, dice su hermano Ahmed.
— ¿Qué esperan ahora?
— Los dos policías que cometieron el crimen están siendo juzgados, pero nosotros queremos que se lleve ante los tribunales y se castigue a quienes dieron la orden de matar a Khaled Saïd. Queremos que se haga justicia —insiste Ahmed.
Zahra, la hermana mayor de Khaled, me mira y dice: “¿Sabe una cosa? La revolución de la Plaza Tahrir comenzó aquí en esta calle, al día siguiente de la muerte de Khaled. Y hoy ese triunfo nos pertenece a todos los egipcios. Los jóvenes que la hicieron deben ser los hombres que nos gobiernen en el futuro”.
Después de 18 días de levantamiento popular, cerca de 20 millones de egipcios lograron derrocar a un presidente que se había perpetuado en el poder por tres décadas. El día en que cayó Mubarak, Lila, la madre de Khaled, se despojó de su traje negro de luto que no abandona desde que mataron a su hijo y se vistió de blanco. “Si tengo algo que decirle a Khaled, a mi niño, es: ‘Ahora puedes dormir tranquilo y tener paz porque los jóvenes egipcios ya no tienen más miedo y el futuro de nuestro país va a ser mejor que el tiempo que te tocó vivir’ ”.
Con su muerte, Khaled Saïd inspiró a Mohammed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló desatando la Revolución de los Jazmines y que derivó en la caída del régimen de 20 años del presidente Ben Alí. También sembró una serie de revueltas populares, principalmente juveniles, que se repiten desde diciembre en distintos países árabes. Es de él de quien se habla primero cada vez que se inicia una nueva manifestación. En Marruecos, Siria, Libia, Yemen, Jordania y Baréin han surgido movimientos juveniles que amenazan con quedarse hasta que el cambio llegue. Como hizo Khaled.

martes, marzo 29, 2011

El factor generador de la crisis en el mundo árabe-islámico

El colapso financiero internacional que se produjo en 2009, tuvo un impacto inicial relativo en algunos países árabes dependiendo de su grado de apertura y participación en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, operó como disparador de la catarata de tumultos y demandas que hoy se observan. La caída de la demanda global que se ha ido consolidando a lo largo del año 2010 tuvo importantes repercusiones en algunos países. Esta desaceleración, transmitió por un lado el colapso de las finanzas internacionales con las restricciones que ello provoco en las inversiones y el crédito, pero también produjo la caída de precios en los hidrocarburos y la reducción de negocios a nivel global, en particular en lo que concierne a exportaciones y turismo. En este sentido, el FMI, en su último informe de octubre de 2009 señalaba que “el principal mecanismo de transmisión” de la crisis a la región se centraría en “la reducción de las remesas de inmigrados, la inversión extranjera y las exportaciones. Así, los países árabes islámicos se vieron afectados no por una, sino por varias crisis que desde distintos frentes y con distintas formas han puesto en evidencia problemas estructurales y de desarrollo que desbordaron a las autocracias y los dictadores instalados por mas de 30 o 40 años en el poder. El principal de estos problemas ha sido la extrema pobreza, la carencia de futuro y la falta de perspectiva de aquellos pueblos.

Las posiciones de partida de los países árabes son muy diversas. Mientras que para unos la caída de los precios de hidrocarburos y de alimentos ha supuesto cierto respiro, moderando en cierta manera la llamada “Crisis de las tres efes”, crisis del petróleo, las finanzas y los alimentos , cuyos momentos más críticos se vivieron a mediados de 2008; para otros significo un recorte drástico en las previsiones de ingresos. Más aún, la desaceleración económica global sorprende a estos últimos en medio de la puesta en marcha de ambiciosos planes de inversión y diversificación económica diseñados durante el periodo de bonanza de los años 70 y 80. Otros países en cambio, han afrontado la crisis tras un prolongado periodo donde las reformas y los ajustes estructurales de liberalización política, económica y comercial jamás se cumplieron, aunque sus gobernantes efectuaran esas promesas a sus pueblos por varios años. Por tanto, el impacto y las consecuencias de la crisis actual en cada uno de estos países dependerán tanto de su estructura política, económica y social como de las estrategias y planes de desarrollo que necesariamente deberán implementarse de forma inmediata.

Una mayor exposición a los mercados financieros de EE.UU., Francia y del Reino Unido, así como mayores niveles de inversión de carácter especulativo, han producido serios recortes en los presupuestos de los países del árabes; y han afectado seriamente a países exportadores como Argelia, Libia, Arabia Saudí o Yemen; la reducción de las remesas de trabajadores en el extranjero, las exportaciones y el turismo han situado a países como Egipto, Marruecos o Jordania en una complicada situación financiera y social que, sin lugar a dudas, ha sido relevante al momento de los estallidos populares. Al aumentar significativamente los niveles de desempleo, especialmente entre los jóvenes con formación universitaria, se redujo una fuente de recursos vital para muchas familias, era una obviedad que las autocracias regionales estarían en problemas y entrarían en turbulencias como las que hoy estamos apreciando. La presión demográfica y el escandaloso nivel de desempleo agravo sustancialmente la de por si muy mala calidad de vida de los ciudadanos y ello dio lugar a que los sistemas autocráticos implosionaran inexorablemente. Los pueblos ya no aceptan vivir recorriendo el camino que les marcan sus dictadores. El cambio debe producirse ahora.

sábado, marzo 26, 2011

Protestas en países árabes dejan decenas de muertos

La guerra en Libia continuaba ayer con enfrentamientos militares entre artillería del presidente Muamar el Gadafi y elementos de países occidentales que en defensa de civiles rebeldes en el país, han lanzado misiles en contra de la capital Trípoli en su intención de destruir armamento libio.

A más de cuatro días de lucha por liberar al país del régimen de Gadafi, la Unión Africana dijo ayer viernes haber logrado poner fin a la crisis en el país, sin embargo, según las últimas declaraciones de la OTAN la guerra en el Oriente Medio se prolongará por lo menos tres meses más y podría extenderse de manera indefinida hasta la caída de Gadafi o su decisión de un proceso transitorio de poder digno y seguro.

Mientras que los rebeldes libios se mostraron ayer optimistas de que en las próximas horas puedan recuperar el control total de Ajdabiya, donde continúan los enfrentamientos al igual que en Misrata y en Zintan, en tanto que la calma reina en Bengasi.

Las fuerzas de la coalición internacional que ha impuesto una zona de exclusión aérea en Libia bombardearon ayer posiciones de las fuerzas progubernamentales en el acceso oeste de Ajdabiya.

Los rebeldes opinan que esas tropas tienen la moral debilitada, ya que están aisladas y no pueden recibir provisiones.

 Yemen
Además, partidarios y detractores del presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh, se han enfrentado en las calles de la capital del país, Saná, y otro manifestante ha fallecido en Bahréin, donde centenares de personas han salido a manifestarse desafiando el estado de emergencia.

“Creo que hemos llegado a un punto de no retorno. No creo que Oriente Medio vuelva a ser lo mismo. Se está produciendo un nuevo orden, se está produciendo una nueva revolución”, aseguró  Fawaz Gerges, profesor de política de Oriente Medio en la London School of Economics.

Pese a la gravedad y el deterioro de la situación política en Yemen y Bahréin, países con Gobiernos aliados de Occidente en los que la fuerte represión se ha cobrado ya decenas de muertos, detenciones de destacados opositores y medidas de excepción democráticas, ha sido la espiral de violencia en Siria la que ha encendido todas las alarmas.


jueves, marzo 24, 2011

Ola de protestas en el mundo árabe: ahora el turno de Siria

La muerte de un número indeterminado de personas que participan en manifestaciones antigubernamentales plantea el interrogante de si Siria será el próximo país árabe en verse conmocionado como resultado de la actual ola de protestas en el mundo islámico.

Se estima que 18 personas murieron y decenas resultaron heridas luego de que la policía abriera fuego contra opositores en la ciudad sureña de Deraa.
Pero activistas de derechos humanos aseguraron a la BBC que la cifra de víctimas fatales asciende a 37.

El periodista de la BBC Jim Muir comenta que, seis días después de que comenzaran las protestas en Deraa, todo indica que está resultando difícil para las autoridades contener la ira popular.

Según los corresponsales en Siria, una veintena de camiones militares llenos de soldados armados partieron de Damasco con destino a Deraa, que desde hace una semana es foco de protestas.

"Bandas armadas"

El miércoles, los cuerpos de seguridad abrieron fuego y lanzaron gases lacrimógenos para intentar dispersar a miles de personas que participaban en los funerales de seis manifestantes muertos en anteriores hechos de violencia.

Cientos de personas se habían congregado en las calles cercanas a la mezquita de Omari para prevenir que las fuerzas gubernamentales la tomaran.

El gobierno dice que el edificio es un refugio de bandas armadas, y la televisión estatal mostró imágenes de armas, municiones y fajos de billetes supuestamente hallados en la mezquita.

Según las autoridades, se ha traficado armamento y equipos de comunicaciones desde el vecino Israel, país al que acusan de ser el origen de más de un millón de mensajes telefónicos de texto urgiendo a los sirios a usar las mezquitas como bases para fomentar conflictos.

A su vez, el gobierno ha calificado de "mentiras" los mensajes y las imágenes enviadas desde la zona hacia el exterior con "historias sobre masacres" y asegura que la población local está "cooperando para detener a las bandas armadas".

Las autoridades acusaron al servicio árabe de la BBC de difundir "mentiras provocativas".

Desafío

Siria vive desde 1963 bajo una la ley de emergencia que impide la convocatoria de manifestaciones, por lo que las actuales protestas son consideradas como el mayor desafío que ha tenido el presidente Bashar al-Assad desde que asumió el cargo en 2000, tras la muerte de su padre, Hafiz.

Como explica Jim Muir, de la BBC, "hasta ahora algunos intentos de movilizar a la oposición en Damasco y en otros lugares se habían desvanecido, dejando la impresión de que la situación no era tan volátil como en otros países árabes".

"Pero debido a la mano dura de las autoridades con pequeños incidentes locales, Deraa de repente se convirtió en el centro de la indignación popular, similar a la que ha prendido la mecha en otros lugares" de la región.

No hay que olvidar que la actual ola de protestas se inició en Túnez por reivindicaciones regionales y se trasladó rápidamente a las grandes ciudades.

Tampoco debe perderse de vista que, como explica Muir, "Siria comparte muchas de las condiciones que llevaron al derrocamiento de los gobiernos en Túnez y Egipto, y que subyacen en los trastornos en Libia, Yemen, Bahréin y otras naciones".

Aunque Al-Assad sólo ha estado en el poder durante una década, heredó los problemas de la presidencia de su padre, quien gobernó durante 30 de los 37 años transcurridos desde el golpe de 1963, que llevó al poder al partido Baas.

Al igual que los otros países árabes, "Siria está plagada de corrupción de alto nivel y clientelismo vinculados con la represión política aplicada por los servicios de seguridad bajo leyes de emergencia draconianas en vigencia durante casi 50 años", manifiesta Muir.

Hay un factor adicional, según los analistas: el poder se concentra en manos de la minoría alauita (una rama del Islam chiíta), a la que pertenece Al-Assad, lo que genera resentimientos entre la mayoritaria comunidad sunita.

A favor del gobierno están particularmente "su postura nacionalista", afirma Muir, y "la firmeza en contra de Israel y, en ocasiones, de los poderes occidentales", lo que le granjea apoyo entre la población.

Buena parte de la evolución de los acontecimientos en Siria dependerá -según pronostica el periodista- de cómo Al-Assad maneje la ira manifestada en los últimos días en Deraa y que potencialmente podía extenderse a otras regiones del país.

sábado, marzo 05, 2011

¿hacia donde van los levantamientos de los paises del mundo arabe?

Todavía no está claro hacia dónde se dirigen las revueltas en el mundo árabe. La ola que se formó tras la sublevación en las calles de Túnez en enero aún no llegó a la orilla, por así decirlo.

Desde Marruecos a Muscat, los gobernantes árabes están ahora recibiendo el mensaje claro de que el statu quo que ha existido en su país durante años, incluso décadas, le resulta inaceptable a una gran parte de su población.

Las protestas están en diferentes etapas en diferentes países y sería un error pensar que este es un único movimiento con una oposición unida y un programa común. Pero todavía hay elementos comunes que atraviesan toda la región.

Sí, se trata de puestos de trabajo y oportunidades, los precios de los alimentos y la corrupción, pero muchos -especialmente los jóvenes urbanos bien educados- quieren algo más que comodidad económica. Quieren un sistema político que no se vea obstaculizado por opresión de un gobierno autocrático.

Así que, a puertas cerradas, en palacios fastuosos y mansiones bien vigiladas, la pregunta fundamental que resuena en los círculos internos del gobierno es: ¿qué podemos darles para seguir en el poder?

Cuando en Túnez y Egipto los presidentes fueron derrocados en un corto espacio de tiempo todos los comentarios hacían alusión a un "efecto dominó" y se especulaba con que los regímenes autocráticos árabes inevitablemente irían cayendo, uno por uno.

La única cuestión, decía la gente, era cuál sería el próximo. Hemos visto una serie de concesiones hechas a toda prisa por parte de los gobernantes que presas del pánico tomaban medidas para evitar que su continuidad estuviera bajo amenaza.

El presidente de Yemen se comprometió a retirarse en 2013, el rey de Jordania despidió a su gabinete, Argelia levantó el estado de emergencia y Arabia Saudita y Bahréin anunciaron abultados desembolsos de dinero. Estas son medidas para salir del paso, por supuesto, y no soluciones a largo plazo.

Pero lo que sin duda ha apagado las expectativas de un cambio rápido y radical son los sucesos de Libia.

Si el líder libio Muamar Gadafi y su familia hubieran sido expulsados del poder en pocos días, el impulso de Túnez y El Cairo se habría mantenido.

Sin embargo, el régimen libio, como hemos visto la semana pasada, se atrincheró y está luchando contra sus adversarios, utilizando su fuerza militar e influencias.

Más allá de si Gadafi sobrevive durante días, meses o años, es evidente que derrocarlo no es pan comido y que habrá costado muchas vidas.

La agencia Reuters citaba el viernes a Brendan Simms, profesor de historia de las relaciones internacionales de la Universidad de Cambridge, diciendo que "Libia es donde el fuego de la revolución de Túnez y Egipto podía disiparse. Hay mucho en juego".

Ahora echemos un vistazo a cómo están hoy los levantamientos, país por país.

jueves, marzo 03, 2011

Crisis en paises del Mundo Arabe

Un dramático proceso se está viviendo el mundo árabe en el norte de África (Magreb) y en el Oriente Próximo. Está compuesto por 22 naciones y una población del orden de los 360 millones de personas, en su inmensa mayoría de religión musulmana.
Este conjunto de naciones poseen una serie de características comunes; todas ellas deleznables para quienes creen que la libertad, la igualdad y la dignidad son derechos esenciales del hombre:
*Dictaduras longevas y cleptócratas, disfrazadas de repúblicas o monarquías constitucionales.
*Mecanismos de sucesión familiar para conservar el poder.
*Inexistencia o fuerte limitación de libertades políticas y sociales.
*Sistema de represión institucionalizado, con una fuerte presencia de servicios secretos.
*Elevadísimos grados de corrupción.
*Poderes judicial y legislativos férreamente dominados por los dictadores.

¿Cómo es posible que Occidente haya tolerado este dramático escenario? La respuesta se halla en la aplicación por parte de las principales democracias del lamentable principio de la “real politik”; esto es: manejo de la política exterior de un país en función de los intereses políticos y económicos, más que en base a principios éticos y morales. Esta perversa estrategia ha sido la que empleó Occidente para “aceptar” la trágica situación del mundo árabe con el objetivo económico de asegurar su abastecimiento petrolero y el político de lograr una supuesta estabilidad” en el área. A estos afectos aceptó como verdadera -para el mundo musulmán en general y para el árabe en particular- la siguiente disyuntiva: o dictaduras aliadas o el caos de gobiernos teocráticos fundamentalistas, al estilo del régimen iraní. Más aún; se llegó a afirmar que ni la libertad ni el sistema republicano liberal eran valores compatibles con la cultura musulmana. Estas argumentaciones son falsas -Turquía es una buena prueba de ello- y sólo sirvieron de pretexto para dar alguna validez moral a la “real politica".