sábado, abril 16, 2011

Zoellick: si la crisis empeora en países árabes la economía se resentirá

Si la crisis política en el mundo árabe se agrava, el crecimiento mundial podría "descarrilar", advirtió este sábado el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.
"Un empeoramiento de las condiciones en Oriente Medio y Africa del Norte podría hacer descarrilar el crecimiento mundial", declaró Zoellick ante el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), instancia de los 24 países que define las grandes orientaciones políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Zoellick estimó de todas formas que las "perturbaciones económicas directamente relacionadas con la agitación política" en el mundo árabe "deberían tener repercusiones limitadas a nivel mundial".
Lo mismo sucede con el tsunami y el consiguiente accidente nuclear en Japón, dijo.
El crecimiento en Egipto será del 2,5% y el de Túnez del 1,5% respectivamente, afirmó Zoellick. Eso representa una media de tres puntos por debajo de lo previsto hace tres meses.
"Si los precios del petróleo aumentan fuerte y persistentemente, ya sea por la creciente incertidumbre o una perturbación significativa de la producción petrolera, el crecimiento mundial podría desacelerarse 0,3 puntos porcentuales en 2011 y 1,2 puntos porcentuales en 2012", advirtió.

sábado, abril 09, 2011

Tulcíbides y Libia

El término “guerra humanitaria” es tan incongruente como “postre salado”, “amor amargo” y “viaje estático”.
Son dos los problemas. Primero, la “guerra humanitaria” es un engaño pues en política internacional todas las cuestiones éticas se vinculan al poder. Segundo, las “guerras humanitarias” no tienen límite pues el mundo es, ha sido y siempre será imperfecto.
Decía Goethe: “Nadie nos engaña, nos engañamos a nosotros mismos”. Al contrario de lo sostenido en reciente artículo por Moisés Naim, en el que  comparó los millones de muertos reales en Auschwitz con los hipotéticos muertos de Benghazi, la principal crítica que se hace a Obama no tiene que ver con el hecho (certificado por su Secretario de Defensa) que Washington no posee intereses vitales en Libia. Lo que se cuestiona es la hipocresía de un Obama que dijo esto de Saddam Hussein: “Es un hombre cruel y brutal que asesina a su pueblo para asegurar su poder…Pero no constituye una amenaza directa e inminente a Estados Unidos o a sus vecinos…Por lo que me opongo a esta guerra (en Irak)”.
¿Y Gadafi qué? ¿No estaba Gadafi colaborando con la CIA contra Al Queda? ¿No había entregado Gadafi sus armas químicas y biológicas a Washington luego de que vio a Saddam colgando de una soga? ¿No merecía Saddam ser derribado por “razones humanitarias”? ¿No eran acaso las masacres de Saddam concretas, a diferencia de la conjetural en Benghazi?
Las guerras, afirmó Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso, se hacen por miedo, interés u honor. Herodoto, Tucídides, Polibio y Plutarco se habrían sorprendido ante las “guerras humanitarias” y políticamente correctas de Obama, Sarkozy y Cameron, que cubren sus vergüenzas con la hoja de parra que proporciona la ONU. Lo peor es que sólo engañan a los que quieren engañarse a sí mismos, como los que hablan de Auschwitz en el contexto de la guerra civil en Libia.
¿Es Gadafi un tirano repulsivo? Sin duda. ¿Es preferible sacarle del poder? Quizás. ¿Vendrá algo mejor? Eso no lo sabemos. Y es fundamental precisar lo siguiente: La crisis del mundo árabe-islámico apenas empieza. Gadafi pertenece al pasado. Lo que ahora ocurre se debe en lo esencial a que casi todos esos países, colchas de retazos del viejo colonialismo europeo, son Estados fallidos, es decir, carecen de viabilidad socioeconómica y política y están naufragando bajo el peso de enormes masas empobrecidas, hambrientas y frustradas.
Libia tiene poca importancia y Gadafi todavía menos. Lo clave es el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita en torno al Golfo Pérsico y su inmenso potencial estratégico. Ante el desafío que significa el más relevante conflicto geopolítico del mundo actual, Obama guarda silencio y procura congraciarse con los implacables Ayatolás del Irán fundamentalista.
Frente al reto que se avecina en el Medio Oriente resulta patético responder con una política exterior de “guerras humanitarias”. Se requiere un realismo político frío y calculador, basado en la máxima maquiavélica según la cual en política es preferible ser temido a ser amado. Washington no debe desgastarse tras la confusión generada por el ingenuo idealismo de una dirigencia extraviada e hipócrita. Se requiere una política que sólo vaya a la guerra por intereses bien calibrados, pero no por “razones humanitarias” que no son sino excusas con las que a nadie engañan, y en particular con las que no engañan a las masas árabes. No es la libertad lo que viene en el Medio Oriente sino tal vez la democracia anárquica, o algo peor. Hay que estar preparados y dejarse de hipocresías.

viernes, abril 08, 2011

Tres crisis por el precio de una

El año 2011 no fue perezoso en mostrar sus credenciales. Desde enero surgieron con fuerza acontecimientos que apuntan a ser importantes en la configuración geoestratégica de algunas zonas del planeta. Las revueltas en el mundo árabe, denominadas en algunos medios de comunicación occidentales "primavera árabe" asimilándolas alegremente con la de Praga, han producido un impacto importante en la configuración geopolítica de Europa, la cuenca mediterránea y Oriente Próximo.
Ese impacto es directo en el mundo árabe y también meridianamente esclarecedor en Europa, en las relaciones trasatlánticas y en la configuración de nuevos actores. Hasta ahora, el aparente equilibrio de esta zona del mundo se conformaba con la Unión Europea, la Alianza Atlántica y una plétora de actores árabes entre los que se incluían el perdonado régimen libio, el Egipto de bajo perfil desde los acuerdos de Camp David de 1978, los regímenes hereditarios de Siria y Marruecos, el pujante Túnez y la supremacía espiritual y financiera de la casa de Saud con su protectorado sobre los países del Golfo.
Cualquier alteración del equilibrio geopolítico es un hecho de la mayor importancia y aquel actor estratégico que es consciente del hecho está en condiciones de poder situarse e influir en la situación, por el contrario, aquellos que siguen en la partitura anterior están condenados a ser arrastrados por una corriente desfavorable para sus intereses. El equilibrio que tenía por eje la cuenca mediterránea se ha alterado por la confluencia de tres crisis, dos de ellas más o menos disimuladas: la de la Unión Europea y la de la Alianza Atlántica, la tercera es la del mundo árabe, si consideramos las revueltas en esos países como parte de un todo. El iniciador que ha puesto al desnudo la situación se ha materializado por un impulso de rasgo occidental: la intervención por motivos humanitarios, que se ha efectuado en nombre de la comunidad internacional en Libia.
Aunque los líderes de la Unión Europea siguen anclados en el objetivo avanzar hacia "una Unión más integrada", el hecho es que la crisis de las deudas soberanas en la eurozona ha venido a poner de manifiesto, no ya simples desacuerdos entre socios, sino desequilibrios estructurales, producto del hecho de haber obviado los factores geopolíticos en la construcción de una Unión que fuese posible, no aquella diseñada sobre ensoñaciones y puesta a funcionar a lomos de una burocracia muy perfeccionada. La actual crisis del Mediterráneo era una buena oportunidad para poner en funcionamiento las previsiones del Tratado de Lisboa en cuanto a política exterior y de defensa, pero el ejercicio autónomo del poder por parte de los principales socios de la Unión, como no podía ser de otra manera, ha dejado muy tocada la ya muy tenue credibilidad de la UE como actor estratégico. La situación podría resumirse de forma castiza en aquello de que "la caridad empieza por uno mismo", porque cada uno es cada uno y unos son más que otros.
La entente frugal, los acuerdos de Defensa entre Francia y Reino Unido del pasado Octubre con ocasión de los recortes presupuestarios, era un heraldo del tiempo por venir. A diferencia de los acuerdos de Saint Maló de 1998, esta vez en la primera ocasión que se ha presentado, los han aplicado. Franceses y británicos, siendo las potencias nucleares europeas, conservan aún capacidades militares convencionales de cierta solvencia expedicionaria y las emplean como baza, junto con una agresiva acción diplomática, para contrarrestar el creciente poder alemán basado en su economía. Libia era una ocasión propicia para exhibir poderío político, y así lo han hecho. Tanto Francia como Reino Unido han demostrado que el poder blando de la Unión, por si solo en la esfera internacional, sirve para ahondar en la irrelevancia.
Es también cuanto menos chocante la falta de protagonismo del Consejo Atlántico durante la crisis de Libia y, el hecho de que existe algo más que la apariencia de que haya sido suplantado por un directorio ad hoc, es algo que invalida el Concepto Estratégico de Lisboa a los pocos meses de su aprobación, porque esta circunstancia era, simplemente, no imaginable y, por lo tanto, las previsiones del Concepto no podían estar basadas en ella. La divergencia de voto de los aliados en el Consejo de Seguridad de la ONU, al igual que en 2003 con la guerra de Irak, es el preludio de un desacuerdo en el Consejo Atlántico y, por lo tanto, de una solución chapucera a cocinar. La estructura militar de la organización de la Alianza, la OTAN, no debe convertirse en un instrumento que pueda utilizarse al margen de la dirección política plena del Consejo, no debe estar en alquiler. Afganistán y Libia son hitos que, precisamente, no jalonan un futuro halagüeño para la Alianza. La imagen de la aportación canadiense, o la noruega, en el Mediterráneo (flanco Sur) y la ausencia alemana valen más que mil palabras.
La tercera crisis, la del mundo árabe, no ha sido precisamente un cisne negro en el sentido que le atribuye Nassim Taleb, ese suceso con tres características: algo que está en el ámbito de lo inesperado, produce un impacto extremo y que, si se hubiese prestado la atención debida, podría esperarse como una posibilidad cierta. Reducir los acontecimientos a que esas sociedades reclaman democracia es una actitud pueril, exponente de una narrativa falaz pero que actúa como palanca para la toma de decisiones. El mundo árabe forma parte del musulmán y tiene su propia dinámica, producto de sus antecedentes históricos y de su cultura. Los cambios en el mundo árabe seguirán sus propios pasos, sus causas son complejas y de hondo calado, difíciles de adaptar a la visión occidental.
Aunque no son equiparables, tanto la demografía como el impacto de las tecnologías de la información han tenido su incidencia como detonador en las revueltas árabes, pero los hechos hay que enmarcarlos en el devenir histórico reciente. El mundo árabe, una vez que la idea socialista murió con Nasser y el liderazgo pasó a manos del wahabismo saudí, se convirtió en el antagonista del Irán jomeinista, con su radicalismo chií. Hoy esa situación de enfrentamiento teocrático, está mutando dada la irrupción de Turquía que busca su hegemonía estratégica en la región por la adopción de un islamismo de características propias y en el rescatado impulso histórico de reconstituir el califato que destruyó el kemalismo. La aproximación turca al problema es blanda, no desea enemigos, busca liderazgo y puede que la presente crisis le brinde esa oportunidad. Ankara, no Teherán ni Riad, es la referencia para un hipotético Califato.
Las tres crisis apuntadas no son de la misma naturaleza, las dos primeras, la Unión Europea y Alianza Atlántica, tiene características más bien existenciales con perspectivas de un melancólico languidecimiento, la del mundo árabe apunta a un proceso más o menos largo, de transformación dentro de su precario equilibrio interno. En estas tres crisis están inscritos los intereses nacionales de España, preservarlos requiere de unas sólidas políticas para la constitución y aplicación de los potenciales diplomáticos y militares. Esa tarea no es aplazable y requiere una sólida dirección estratégica. 

domingo, abril 03, 2011

El trasfondo de la crisis árabe

Comenzó en Irak y Egipto, sigue en Siria, Yemen y, con fiereza, en Libia. La simple lectura de este conflicto generalizado en los pueblos y países árabes, señala que quieren sacudirse de dictaduras o presidentes incapaces. Y allá acuden a ayudar los demócratas y humanitarios países de occidente con su portaestandarte Estados Unidos de Norteamérica.

Pero, se debe ahondar más sobre las causas del conflicto en el que no sólo está en juego valores políticos y sociales, sino también económicos y hasta religiosos.

El antecedente que puede ayudar en esta reflexión está en la invasión a Irak, ejemplo patético de cierta “política” internacional basada en falsedades. La historia inmediata y la que queda para los tiempos venideros, juzgará este acto bélico de la “coalición”. Motivada en una mentira, que ahora se sabe que era conocida antes, analistas, políticos, historiadores imparciales e incluso de los bandos opuestos, sostienen esta certeza.

De esta manera quedó desnuda una verdad: la invasión a Irak tenía el objetivo de controlar el petróleo de ese país que, hasta años antes gozaba del respeto a su soberanía de los mismos que lo atacaron.

En aquella ocasión, el presidente George W. Bush (en lo que su prensa minimizó o llamó lapsus), declaró que el ataque era una “cruzada”, dándole el cariz religioso. La mayoría de los pueblos de países árabes en crisis es musulmana, palabra que espanta al sólo oirla a la población de los países de occidente, de confesiones cristianas.

Los conflictos en estos países árabes coinciden con las informaciones del declive de los yacimientos de petróleo en el mundo, combustible que literalmente hace andar sus economías. Así aparece el fuerte interés en las intervenciones directas e indirectas en países con regímenes críticos de occidente.

Pero, también el mundo se pregunta por qué otros países petroleros con regímenes autoritarios, como Arabia Saudita, origen de Osama Bin Laden, y una aristocracia férrea y regidos por leyes que serían intolerables en una democracia, gozan el apoyo del mundo civilizado y nunca son mencionados en los informes oficiales sobre derechos humanos.

No es todo, pero los análisis que el público consume, no deben quedarse en medias verdades.

viernes, abril 01, 2011

Cinco mil años viendo a los imperios aplicar la violencia

Pensar en el Mundo Árabe remonta a lo que nos quisieron mostrar en la escuela, pirámides de Egipto, ejércitos de miles de guerreros persas, caballos y lanzas, riquezas y petróleo, bellezas. Pero atrás de todo esto hay un pueblo que ha visto en miles de años como los grandes quieren ser más grandes pisando a los chicos.

El doctor Ghassan Abbas, embajador de la República de Siria en Venezuela, nos explica como la intervención actual de fuerzas internacionales en conflictos árabes es una estrategia que tiene años pensada, y un objetivo sencillo, el poder.

Mundo Árabe y los imperios occidentales

Para el embajador Abbas el imperio en este momento es Estados Unidos, aunque algunas naciones que fueron imperios coloniales como Gran Betraña, Francia, Italia, España, Holanda, todas fuerzas colonizadoras apoyan la ideología americana.

“Hace dos décadas que el rol de super estado lo ocupa Estados Unidos sin competencia, sin ninguna nación que le haga contrapeso, por la crisis en que sucumbió la Ex Unión Soviética”, afirmó.

Para el doctor Abbas está claro que “Estados Unidos quiere que el Mundo entero sea un escenario de sus políticas, las mismas con el único fin de favorecerles en perjuicio de otras naciones y los intereses de otros pueblos”.

“Nosotros como sirios estamos en contra de la hegemonía americana en el Mundo y por eso tenemos un proyecto nacional unitario a favor de la unidad de los países árabes”.

La intervención por todos los medios

El doctor Ghassan Abbas, embajador de Siria en Venezuela, nos explica que la intervención sejuga en múltiples terrenos, siendo el ideológico uno de los más importantes.

“Nosotros hemos sobrevivido durante siglos sin ser absorbidos por ningún imperio que ha existido en el Planeta, y esto seguirá siendo así. Esto lo tenemos muy claro”.

Explicó Abbas que “como país árabe que hemos tenido importante participación en el desarrollo de la humanidad, nosotros creemos en el apoyo y la colaboración como pueblos hermanos. Como te digo, el problema del imperio estadounidense es que ellos están trabajando con algunas empresas transnacionales y multinacionales las cuales imponen y cambian gobiernos”.

“Las cinco empresas más grandes del Mundo tienen el presupuesto de 80 de los países más pobres” afirmó.

Desde esta visión se puede explicar que el desequilibrio de razón a las guerras entre los imperios occidentales y países nacionalistas porque el deseo de las potencias en el comercio internacional está para favorecer a que los grandes sean más grandes y los pobres más pobres.

“Nosotros, como Venezuela no pensamos esto, pensamos en el pueblo, por eso no queremos esas empresas transnacionales como CocaCola, McDonalds y aún peor esas empresas humillantes de tráfico de personas como los servicios sexuales por internet, denominados SexShop, u otros que generan millones de dólares”, afirmó.
Para el embajador abbas existeun grupo pequeño que se dedica a manejar todo esto y desde Siria hay un empeño en combatir este modelo.