El nombre de Khaled Saïd lo conocen en todo el norte de África. En Egipto, Túnez, Marruecos, Argelia, Yemen, Bahréin, Siria, Libia y muchos otros países que hoy se levantan contra los regímenes que llevan años en el poder, Saïd ha sido el detonante de las revueltas. Este joven de 28 años, que usaba internet como su arma de denuncia contra los excesos de la corrupción en Egipto, se convirtió en un héroe cuando cayó el gobierno de Hosni Mubarak, el 14 de febrero.
No militaba e ningún partido, sólo buscaba indicios, huellas y hechos de los excesos del gobierno egipcio y los difundía en la red. Saïd sabía muy bien el costo que esa suerte de insurrección virtual podía tener en Egipto y lo predijo en las canciones de rap que compuso “Moriré como mártir. No temas, mamá, porque no soy el único”, cantó días antes de su muerte.
Junio 6 de 2010, calle Midhat Seif El Yazal Khalifa, barrio Cleopatra de Alejandría. “Tenemos orden de matarlo”, le dijeron los dos policías mientras estrellaban su mandíbula contra las escaleras de mármol a la entrada del edificio. Lo habían mandado llamar minutos antes desde un cibercafé, a pocos metros de su casa, con el pretexto de que necesitaban ayuda de Khaled, un “genio de la informática”. Dos oficiales destrozaron su cabeza a punta de golpes y lanzaron su cuerpo a la mitad de la calle, completamente desfigurado. Nadie se atrevió a levantar a Khaled, que en árabe quiere decir “eterno”. Dos semanas antes, el joven había publicado en Youtube un video de unos policías repartiéndose la droga incautada a unos traficantes.
“Todos somos Khaled Saïd”, fue la respuesta de una página creada en Facebook con una información extensa e imágenes sobre la muerte del joven alejandrino y que, en muy pocos días, llegó a aglutinar cerca de 500.000 miembros, es decir, el 10% de usuarios de esta red social en Egipto. “Muchos se identificaron con Khaled”, explica Aida Seif el-Dawla, psiquiatra y abogada del Centro Nadeem para la rehabilitación de víctimas de la violencia y la tortura en El Cairo. Con el tiempo, la página de apoyo a Khaled se convirtió en el cerebro virtual, no sólo de la llamada revolución democrática egipcia, sino de las revueltas en Oriente Medio.
El creador de la página fue Wael Ghoneim, responsable de marketing de Google para Oriente Medio y África del Norte, quien confesó su autoría. Miles de internautas encontraron en la campaña “Todos somos Khaled” el medio para la protesta, que pronto pasó de las pantallas de los computadores a la calle. A través de Facebook se invitaba a desfiles silenciosos. Vestidas de negro, de espaldas al mundo y de cara al Nilo, cientos y luego miles de personas expresaron en silencio su dolor y su rabia por el asesinato de Khaled Saïd.
Marzo 2011. Calle Khaled Saïd, en el barrio Cleopatra de Alejandría. Tres semanas después de la caída de Hosni Mubarak y de un incremento en el malestar en Siria, Bahréin y Libia, el café internet en donde lo mataron todavía está allí, su familia sigue viviendo en la misma casa y tal vez algunos de las personas que están sentadas en las terrazas fueron testigos de su muerte.
— Khaled no fue el primero. Antes y después de él la policía ha matado a otros. Pero él se convirtió en un caso emblemático porque nosotros no echamos marcha atrás, ni nos hemos dejado intimidar, dice su hermano Ahmed.
— ¿Qué esperan ahora?
— Los dos policías que cometieron el crimen están siendo juzgados, pero nosotros queremos que se lleve ante los tribunales y se castigue a quienes dieron la orden de matar a Khaled Saïd. Queremos que se haga justicia —insiste Ahmed.
Zahra, la hermana mayor de Khaled, me mira y dice: “¿Sabe una cosa? La revolución de la Plaza Tahrir comenzó aquí en esta calle, al día siguiente de la muerte de Khaled. Y hoy ese triunfo nos pertenece a todos los egipcios. Los jóvenes que la hicieron deben ser los hombres que nos gobiernen en el futuro”.
Después de 18 días de levantamiento popular, cerca de 20 millones de egipcios lograron derrocar a un presidente que se había perpetuado en el poder por tres décadas. El día en que cayó Mubarak, Lila, la madre de Khaled, se despojó de su traje negro de luto que no abandona desde que mataron a su hijo y se vistió de blanco. “Si tengo algo que decirle a Khaled, a mi niño, es: ‘Ahora puedes dormir tranquilo y tener paz porque los jóvenes egipcios ya no tienen más miedo y el futuro de nuestro país va a ser mejor que el tiempo que te tocó vivir’ ”.
Con su muerte, Khaled Saïd inspiró a Mohammed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló desatando la Revolución de los Jazmines y que derivó en la caída del régimen de 20 años del presidente Ben Alí. También sembró una serie de revueltas populares, principalmente juveniles, que se repiten desde diciembre en distintos países árabes. Es de él de quien se habla primero cada vez que se inicia una nueva manifestación. En Marruecos, Siria, Libia, Yemen, Jordania y Baréin han surgido movimientos juveniles que amenazan con quedarse hasta que el cambio llegue. Como hizo Khaled.
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